René Portocarrero, una figura cimera de las artes plásticas en Cuba

Rene Portocarrero

El 7 de abril de 1983 falleció en La Habana, a los 71 años, René Portocarrero, una de las figuras cimeras de las artes plásticas en Cuba, que inmortalizó con sus cuadros, murales, su barriada natal, la ciudad de La Habana, rostros femeninos con flores, paisajes, figuras de carnaval y máscaras.
Nació en el capitalino municipio del Cerro el 24 de febrero de 1912, fue el hijo menor de una familia numerosa y acomodada que favoreció sus tempranas aficiones artísticas y su vocación por la pintura. 
Entre los 4 y los 13 años vive en una casa cerca del Paseo del Prado, donde se celebran las tradicionales fiestas de carnaval que le inspiran y pinta también grandes paisajes del campo, a donde le lleva su familia durante su infancia y adolescencia.
Autodidacta en la mayor parte de su vida, a sus 11 años, en 1923, expone por primera vez un paisaje en el Salón de Bellas Artes de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana. En 1924 recibe algunas clases de pintura en la Academia Villate de La Habana y en 1926 matricula Dibujo elemental en la Escuela Nacional de Bellas Artes de San Alejandro, pero lo dejó pues su temperamento artístico no se adaptó al aprendizaje tradicional académico.
En 1930 Portocarrero se independiza económicamente de su familia y trabaja como oficinista en una compañía europea de turismo. En 1934 realiza su primera exposición personal en la sociedad Lyceum de La Habana y en 1935 participa en la Exposición Nacional de Pintura y Escultura, primer salón oficial convocado por una dependencia estatal, junto a pintores de vanguardia como Víctor Manuel, Amelia Peláez, Carlos Enríquez y Fidelio Ponce. 
Colabora junto a Mariano Rodríguez en el Estudio Libre para Pintores y Escultores dirigido por el pintor y caricaturista Eduardo Abela, e ilustra varias publicaciones, libros y catálogos. En 1943 enseña dibujo libre en la Cárcel de La Habana, en cuya capilla realiza una pintura mural titulada San Francisco de Paúl y trabaja en las series Interiores del Cerro, Festines y Figuras para una Mitología Imaginaria que tuvieron gran peso a la hora de definir su estilo. 
En 1944 pinta la serie Paisajes campesinos y realiza su gran exposición personal, con 140 obras, en el Salón de Ciencias de la Universidad de La Habana. En 1945 realiza la Serie Brujos y viaja a Nueva York, donde permanece casi un año. 
En 1946 pinta una serie de óleos y dibujos a los que denomina Gestáltica y viaja a Haití. En 1947 pinta las fiestas populares en una amplia serie de pasteles. En 1949 realiza obras bajo la influencia de la abstracción e inicia un periodo que se prolonga hasta 1953. 
En 1950 realiza un mural al temple en el edificio Esso, de La Habana. Comienza a practicar la cerámica junto a Wifredo Lam, Mariano Rodríguez, Martínez Pedro y Amelia Peláez en Santiago de Las Vegas, donde hará pequeños murales y losas, vasijas y vajillas.
Participa en la I Bienal de Sao Paulo. En 1952 comienza su serie de ciudades. En 1955 se edita el libro Máscaras. En 1956 es premiada La Catedral en el VIII Salón Nacional de Pintura y Escultura. En 1957 realiza el mural en cerámica Historia de las Antillas para el Hotel Habana Hilton, el mural en mosaico veneciano Caridad del Cobre y un Vía Crucis (doce cuadros) para la iglesia de Baracoa. En 1958 viaja por Francia, Italia, Inglaterra y Holanda.
En 1960 trabaja en el mural en duco sobre hormigón Figuras de teatro, en el vestíbulo de la Sala Covarrubia del Teatro Nacional, en La Habana y se organiza la primera exposición retrospectiva de Portocarrero (1933-1960) en la Biblioteca Nacional José Martí. 
En 1961 comienza su serie de Paisajes de La Habana. En 1962 pinta las Figuras de carnaval, las Mujeres ornamentadas (1963-1964) y los Diablitos y Santos Populares. Comienza a ejecutar su gran Paisaje de La Habana (1962-1963) e ilustra los Cuentos Completos de Onelio Jorge Cardoso.
Obtiene el premio Sambra, otorgado al mejor conjunto por el jurado de la Bienal de Sao Paulo, lo cual consolidó su lugar destacado en la plástica cubana. Es delegado al Primer Congreso Nacional de Escritores de Cuba.
En 1965 asiste a su exposición personal en el Museo de Arte Moderno de Ciudad México. En 1966 expone la serie de 27 óleos Retratos de Flora, en una sala personal, invitado por las autoridades de la XXXIII Bienal de Venecia. En 1967 se organiza la gran exposición retrospectiva, con más de 300 obras, en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana. 
Comienza un mural en cerámica para el Palacio de la Revolución en La Habana que se inaugura el 1ro de enero de 1968. Entre 1970 y 1971 realiza la serie Carnavales, con más de 200 caseínas sobre papel, a la que siguen otros ciclos: Figuras sedentes (1975-1977), Transfiguración y fuga y Madres eternas (1982).
En 1972 diseña los vitrales del restaurante Las Ruinas del Parque Lenin. En 1975 es nombrado miembro del Consejo Técnico Asesor del Ministerio de Cultura. En 1976 la República Popular de Polonia le confiere a Portocarrero la Orden de la Cultura, máxima condecoración otorgada a intelectuales extranjeros, y la República Popular de Bulgaria le concede la Orden Cirilo y Metodio de segundo grado.
Su serie Transfiguración y fuga en la Galería Amelia Peláez del Parque Lenin. Entre 1982 y 1984 se realiza una exposición itinerante de cien obras de Portocarrero por varios países de Europa. En 1983 se exponen en el Museo Nacional de Bellas Artes obras de las series Transfiguraciones y Madres eternas.
Con sus pinturas, dibujos, diseño y muralismo Portocarrero logró trascender con el tiempo, y ser un imprescindible referente de una época en la riqueza pictórica de la cultura cubana. En 1979 expone por primera vez los Carnavales en el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana. Realiza el cartel representativo del Año Internacional del Niño solicitado por la UNESCO y la Asociación Internacional de Artes Plásticas, de la cual Portocarrero es Consejero de Honor.
En 1980 expone en el Museo de Arte Moderno de México. En 1981 comienza la serie que llamará Madres Eternas. Es condecorado con la Orden Félix Varela de primer grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba. En 1982 se inaugura la exposición Obras capitales de René Portocarrero en el Museo Nacional de Bellas Artes. 
Le es impuesta el Águila Azteca, la más alta condecoración mexicana. Expone su serie Transfiguración y fuga en la Galería Amelia Peláez del Parque Lenin. Entre 1982 y 1984 se realiza una exposición itinerante de cien obras de Portocarrero por varios países de Europa. En 1983 se exponen en el Museo Nacional de Bellas Artes obras de las series Transfiguraciones y Madres eternas.
Con sus pinturas, dibujos, diseño y muralismo Portocarrero logró trascender con el tiempo, y ser un imprescindible referente de una época en la riqueza pictórica de la cultura cubana.

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