
Raúl Roa García, conocido en el mundo como el Canciller de la Dignidad fue el ejecutor de la política exterior de la Revolución Cubana durante 17 años, desde el 11 de junio de 1959 en que fue nombrado por el Consejo de Ministros hasta fines de 1976, y llevó a todos los confines del mundo la voz de una Cuba independiente.
“Fue maestría y pasión, genio y originalidad, canciller de una Revolución y un pueblo que en cada escenario desenmascaró agresiones y falacias contra Cuba y muy pronto fue conocido como el Canciller de la Dignidad. Decía la verdad de una forma elegante, culta (…) Pero lo que disparaba eran rayos y centellas. Revolucionó la diplomacia”, dijo en una ocasión el embajador Jorge Bolaños.
No podía ser de otra manera tratándose de Roa (La Habana, 18 de abril de 1907 - La Habana, 6 de julio de 1982), pues en sus intensos 75 años de vida fue un escritor, polemista, profesor, historiador, político y diplomático, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, combatiente en la República mediatizada y después por la dignidad de Cuba y de América Latina, y quien legó para la posteridad una extensa obra literaria y periodística, en la que sobresale su Historia de las doctrinas sociales como su aporte historiográfico más importante.
El propio Roa definió en la cuarta Reunión de Ministros del Movimiento de Países No Alineados, en Georgetown, Guyana en 1972, la posición internacional de la Revolución que dignamente representó: “Cuba basa su política internacional en una posición revolucionaria, antimperialista e internacionalista, sin ambigüedades ni flaquezas. Cuba se alinea, resueltamente, junto a los pueblos que batallan por extirpar el colonialismo, derrotar al imperialismo, poner fin a sus agresiones y amenazas belicistas, y conquistar un mundo sin imperialistas ni agresores, libre de la explotación de los monopolios sobre las naciones y libre también de la explotación a sus propios pueblos de minorías rapaces y estultas. Cuba está abiertamente comprometida con el mundo del futuro, que avanza, seguro y victorioso, alentado por las luchas y los sacrificios de los pueblos revolucionarios”.
La etapa en que Roa se desempeñó como Ministro de Relaciones Exteriores se caracterizó por la política de Guerra Fría, junto al equilibrio de poder por la existencia del bloque socialista y el poderío alcanzado por la Unión Soviética y su capacidad militar y espacial, lo que sirvió de sustento al auge alcanzado por los movimientos de liberación nacional que trajeron consigo la independencia de muchos países del Tercer Mundo sometidos hasta entonces al yugo colonial.
Antológica es su oratoria en la épica batalla verbal en Naciones Unidas durante la invasión de Playa Girón contra la diplomacia yanqui, en la cual literalmente vapuleó a su representante y demostró que la invasión mercenaria había sido organizada y entrenada por la CIA, con la complicidad de los Gobiernos títeres de Centroamérica.
El calificativo de Canciller de la Dignidad lo ganó en San José, Costa Rica, a finales de agosto de 1960, cuando en una Asamblea General de la OEA estuvo convencido de que no encontrarían eco sus denuncias sobre la inminente invasión contra Cuba preparada por la CIA, pidió la palabra para una cuestión de orden y anunció la retirada de su delegación: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de Nuestra América”.
Al salir del recinto la delegación cubana la esperaba una multitud que gritaba: «¡Cuba sí, yanquis no!» y cantaron todos el Himno Nacional de Cuba. A partir de ese momento en Montevideo y Santiago de Chile, en El Cairo y Argel, en los barrios negros y latinos de Nueva York, y en su Habana, cuando retornaba triunfal a la Patria, lo vitorearon siempre como el Canciller de la Dignidad.
A la lucha por la independencia de los pueblos de Asia, África y América Latina dedicó también Roa sus mejores esfuerzos, presidió la Primera Conferencia Tricontinental, efectuada en La Habana en enero de 1966, y muchos fueron sus pronunciamientos en foros internacionales en defensa del pueblo vietnamita, para exigir la suspensión de los bombardeos norteamericanos, la retirada de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y sus aliados de Vietnam del Sur y el estricto cumplimiento de los Acuerdos de Ginebra.
Roa fue también artífice de la integración de Cuba al Movimiento de Países No Alineados desde su fundación, porque allí podíamos denunciar la situación de Cuba y apoyar y defender los problemas del Tercer Mundo con una fuerza propia.
Mucho queda por hablar de Raúl Roa García, de su inquebrantable fidelidad al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, de su larga trayectoria de luchas, de su ejemplo y las variadas anécdotas que recuerda su pueblo, pero eso lo haremos en otro momento pues en este nos limitamos a su nombramiento como Canciller donde dejó un legado de honor, valentía, capacidad y principios revolucionarios.