La presión popular liberó a Fidel Castro y los Moncadistas hace 70 años

Presidio Modelo

La fuerte presión de las campañas populares logró el 15 de mayo de 1955 la liberación de Fidel Castro Ruz y los demás sobrevivientes del asalto a los Cuarteles Moncada y de Bayamo, que salieron victoriosos del llamado Presidio Modelo, en Isla de Pinos, y reiniciaron de inmediato la lucha revolucionaria.
Los reclamos de la multitud congregada hace 70 años frente a la puerta del penal obligaron a los guardias a abrir finalmente las puertas para que salieran los revolucionarios, tras casi 20 meses de prisión en sórdidas naves circulares de cemento, divididas en pequeñas celdas, donde trataron infructuosamente de quebrar la firmeza y el espíritu de resistencia de los Moncadistas.
Al ingresar al presidio, el dirigente de la llamada Generación del Centenario, por coincidir 1953 con el centenario del nacimiento de José Martí, elaboró un plan centrado en la propaganda y en carta a Melba Hernández, el 17 de abril de 1954, le orienta que “...no se puede abandonar un minuto la propaganda porque es el alma de toda lucha. La nuestra debe tener su estilo propio y ajustarse a las circunstancias”.
En esa dirección, durante la llamada Prisión Fecunda, Fidel Castro aprovechó para escribir el Programa Político de la Revolución, cuya base fue el alegato de autodefensa en el juicio del Moncada conocido como “La Historia me absolverá”. Fueron Haydée Santamaría, Lidia Castro y Melba Hernández, quienes recopilaron y organizaron las notas que Fidel iba logrando sacar de la prisión, escritas con zumo de limón en cartas personales, y quienes luego imprimieron y distribuyeron clandestinamente el importante documento.
En su alegato del juicio del Moncada, durante su propia defensa reconstruida en prisión, Fidel acusa a Fulgencio Batista por las violaciones cometidas con el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, denuncia los crímenes de la tiranía y proclama a Martí como autor intelectual de esa acción insurreccional.
“La Historia me absolverá” fue escrita en presidio, entre su llegada en octubre de 1953 y abril de 1954, con la ayuda de una biblioteca personal que, dos meses después de ingresar al penal contaba con unos 300 volúmenes y fue utilizada también en el estudio organizado de todos los moncadistas.
En la misma puerta del presidio, en medio del júbilo reinante, el líder de la Revolución declaró a un periodista que “nuestra libertad no será de fiesta o descanso, sino de lucha y el deber de batallar sin tregua”. 
Al día siguiente, el 16 de mayo de 1955, fue la llegada triunfal de Fidel a La Habana, luego de ser liberado por la Ley de Amnistía, que no fue regalo del régimen batistiano sino el resultado de casi dos años de tenaz lucha.
En las siguientes semanas Fidel desplegó un intenso trabajo de agitación y denuncia y fundó el Movimiento 26 de Julio para proseguir la lucha revolucionaria. En julio de 1955, comprobada la imposibilidad de proseguir la lucha antibatistiana por medios legales y ante el acoso de las fuerzas represivas, viajó a México para organizar desde allí la insurrección armada.
En las condiciones económicas precarias del exilio y sometido a estrecha vigilancia y persecución de agentes batistianos, Fidel desplegó en México una incesante labor organizativa, preparatoria de la expedición y de difusión de las ideas y propósitos del movimiento insurreccional. Viajó luego a Estados Unidos, donde creó con sus compatriotas del exilio cubano “clubes patrióticos” en Filadelfia, Nueva York, Tampa, Union City, Bridgeport y Miami, con el fin de conseguir apoyo político y económico para la lucha revolucionaria.
De regreso a México y con la divisa “en 1956 seremos libres o seremos mártires”, Fidel y Raúl Castro, Juan Manuel Márquez, Juan Almeida, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos y otros destacados revolucionarios formaron parte de los 82 expedicionarios del yate Granma, quienes el 2 de diciembre del 1956 iniciaron en un manglar del sur oriental el difícil camino para lograr la verdadera independencia de Cuba.

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