
El 29 de enero de 1895 José Martí firma la orden de alzamiento y el reinicio de la guerra de independencia en Cuba, y cumpliendo las instrucciones del Delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC), su representante en La Habana, el matancero Juan Gualberto Gómez, fija el 24 de febrero para comenzarla.
El 29 de enero de 1895, se redactó en Nueva York la orden del alzamiento en Cuba, que fue firmada por José Martí, como delegado del PRC; el general José María (Mayía) Rodríguez, representante personal del general Máximo Gómez como General en jefe, y el comandante Enrique Collazo, enviado por la Junta Revolucionaria de La Habana.
El secretario del PRC, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, Serafín Sánchez Valdivia y el cubano de origen polaco Carlos Roloff Mialofsky, todos veteranos de la Guerra de los Diez Años, también suscribieron la orden, que estallaría el 24 de febrero, esencialmente en la provincia de Oriente
El documento especificaba que el alzamiento debía hacerse con la mayor simultaneidad en toda la Isla, pues si se iniciaba en una región sin el respaldo del resto se corría el riesgo de que la revolución fracasase y, lo que aún sería peor, quedarían menguadas las fuerzas revolucionarias por muchos años.
El 7 de febrero, Juan Gualberto Gómez envía a Martí un cablegrama con la clave «giros aceptados». Esto significaba el acuerdo final para la guerra. La Junta de La Habana se reunió, y acordaron fuera el 24 de febrero, domingo festivo, y lo comunicaron a Martí y los jefes militares locales por cable en clave.
A la vez, Juan Gualberto envía comisiones para confirmar el alzamiento del 24 de febrero. El comisionado Pedro Betancourt Dávalos va a Las Villas, donde el Coronel Francisco Carrillo acepta; el comisionado Juan Tranquilino Latapier va a Oriente a asegurar la participación del Mayor General Guillermón Moncada y el coronel Bartolomé Masó.
En Pinar del Río no se produjeron alzamientos, en La Habana los jefes fueron capturados al igual que en Las Villas, mientras líderes camagüeyanos se retiran de la conspiración y solo se alzaría allí otro jefe más adelante.
Probablemente la zona que sufrió pérdidas más dramáticas el día del alzamiento fue Matanzas, pues varios de sus jefes fueron traicionados y muertos ese mismo día, asesinados, como Manuel García Ponce, o en el intento por sublevarse como Antonio Curbelo; mientras los otros jefes fueron apresados o fusilados luego por los españoles.
Aunque en Occidente y Centro el plan de alzamiento no funcionó a cabalidad, en el Oriente fue exitoso. El 22 de febrero Guillermón Moncada recibe la orden por telegrama y da aviso a los otros jefes del territorio. Parte de Santiago de Cuba, con dirección a Alto Songo, donde finalmente se unió a la lucha. Alfonso Goulet se alzó en El Cobre y Victoriano Garzón en El Caney. También se unen a la guerra las zonas de Ti Arriba, Palma Soriano y Mayarí.
Ese mismo día 24 de febrero comenzó la lucha en lo que hoy son las provincias de Guantánamo, Granma y Holguín. El día 25, todas las fuerzas alzadas se reúnen en Baire y, en asamblea de jefes y oficiales, nombran cargos provisionales y se organizan por territorios para la guerra.
El 11 de abril de 1895, cerca de las diez y treinta minutos de la noche, José Martí arriba a costas cubanas por la playita, ubicada a tres kilómetros al este del poblado de Cajobabo, en el actual municipio Imías, en la costa sur caribeña de la provincia de Guantánamo.
Por ese agreste lugar en una noche lluviosa se produjo el desembarco de Martí para incorporarse a la Guerra Necesaria, acompañado del Mayor General Máximo Gómez, los generales Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas.
Martí, Gómez y los demás expedicionarios, después de recuperados de la travesía marítima, tomaron prácticos y emprendieron la marcha para buscar contacto con los insurrectos amigos de la causa revolucionaria, hasta que finalmente se encontraron con el general Antonio Maceo Grajales.
Martí refleja así el desembarco en su Diario: “11 de abril: Arribamos a una playa de piedras, la Playita (al pie de Cajobabo); me quedo en el bote el último vaciándolo, dicha grande. Viramos el bote y el garrafón de agua, bebemos málaga, arriba por piedras espinas y cenegal. Oímos ruidos y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo.”
En medio de la difícil caminata entre montañas, en la cual Martí pese a no estar acostumbrado nunca pronunció una sola queja, éste refleja en su diario que “Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos”.
Finalmente, José Martí está en Cuba para incorporarse a la guerra por la independencia contra España iniciada el 24 de febrero de 1895, después de tropiezos demoledores como el fracaso de la expedición Fernandina y de aunar a los cubanos de fuera y de dentro para tal empeño, sin imaginar que su lugar de desembarco sería años después un pedazo de tierra sagrado para la Patria donde se levantaría un monumento que recuerda ese hecho histórico.