Jesús Menéndez, a 78 años del asesinato del “General de las cañas”

Jesús Menéndez

Jesús Menéndez, el líder de los trabajadores azucareros cubanos, el “General de las Cañas” como lo calificó el poeta nacional Nicolás Guillén, cayó asesinado un 22 de enero de 1948 por sicarios pagados por los terratenientes y magnates industriales de la época a los que siempre se enfrentó.
Aunque murió en Manzanillo hace 78 años, el militante comunista y combativo líder en la defensa de los intereses de los trabajadores azucareros atesoró una rica trayectoria revolucionaria en sus 37 años de vida y su sepelio constituyó una impresionante demostración de duelo popular. 
En 1932 Menéndez crea el Sindicato Nacional Obrero de la Industria Azucarera (SNOIA), se vincula al proceso de radicalización de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), y en 1934 participa en el IV Congreso Obrero, también llamado de Unidad Sindical, que da una estructura vertical de dirección al Movimiento Obrero Cubano.
En 1936 funda, junto a Lázaro Peña, la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) y en 1939 crea la Federación Nacional de Obreros Azucareros, cuando ya era el líder de ese sector de todo el país. Por su labor al frente de los obreros azucareros, es designado el 15 de noviembre de 1939, delegado a la Asamblea Constituyente y en 1940 es electo Representante a la Cámara por el Partido Unión Revolucionaria Comunista, convirtiendo su labor en un enfrentamiento constante a la burguesía y al imperialismo.
En la década de 1940 fue reelecto una y otra vez secretario general de la Federación Nacional de Obreros Azucareros siendo decisiva su contribución a la unidad y organización de los mismos en defensa de sus derechos y a la formación de su conciencia revolucionaria.
En solo siete años (1940-1947) gracias a su gestión se logró arrancarle a la oligarquía dominante, un total de 631 millones de dólares en favor de los trabajadores de la industria azucarera. Sus conquistas más significativas fueron el Diferencial Azucarero, la Caja de Retiro Azucarero y la Cláusula de Garantía, beneficiosas para la economía cubana y para el ingreso familiar de los trabajadores. También logró el pago de horas extras para los trabajadores, la elevación del salario a los trabajadores azucareros, su inclusión en el retiro, la higienización de los bateyes y otras medidas de carácter social.
Se rebeló igualmente contra las posiciones serviles y entreguistas que se inclinaban ante los poderosos conquistadores extranjeros que habían hecho aprobar en el Congreso norteamericano una ley lesionando la cuota azucarera cubana. Eso significaba una agresión a la economía de Cuba y una afrenta a la dignidad de la Patria y proclamó que los cubanos no aceptarían nunca esa humillación y se debía unir a todo el pueblo contra aquella ofensa.
El niño Jesús Menéndez Larrondo, que nació el 14 de diciembre de 1911 en una vivienda típica rural cubana, hecha de tabla de palma y techo de guano en el pueblo de Encrucijada, antigua provincia de Las Villas, en el seno de una humilde familia de trabajadores descendientes de combatientes mambises, se había convertido en un enemigo de la burguesía dominante y del imperialismo.
Conocedor del carácter indomable, inclaudicable y antimperialista de Menéndez en defensa de los obreros, el gobierno del Partido Auténtico de Ramón Grau San Martín decidió eliminar al líder azucarero, de lo cual se encargó el tristemente célebre Joaquín Casillas Lumpuy, entonces capitán de la Guardia Rural, en la estación del ferrocarril de la ciudad de Manzanillo adonde llegaba ese 22 de enero.
El sepelio de Jesús Menéndez constituyó una impresionante demostración de duelo popular. Las ideas sociales y política por las que luchó y murió se confirman hoy en la obra de la Revolución y los trabajadores cubanos le rinden en esta fecha su merecido homenaje.

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