
La primera intervención del naciente imperio estadounidense en América Latina y El Caribe ocurrió en Cuba hace 128 años, cuando el 21 de abril de 1898 su gobierno decretó el bloqueo naval a Cuba y el 25 declaró la guerra a España para impedir el triunfo de las tropas mambisas contra el colonialismo español.
Para ello utilizaron el pretexto de la cuestionada explosión en el puerto habanero del acorazado Maine, el 15 de febrero de 1898, que causó 260 marineros muertos pero ningún oficial, y la cual se considera la primera auto provocación de Washington para intervenir en otro país.
En ese momento, el imperio español contaba en Cuba con 200 mil soldados regulares de las tres armas, unos 100 mil voluntarios y guerrilleros cubanos al servicio español y un nutrido sistema de fortalezas, fortines y trochas que le daban relativa seguridad en las ciudades, especialmente en La Habana y Santiago de Cuba, pero la guerra en el terreno la tenían prácticamente perdida ante el empuje de las fuerzas mambisas.
Los expansionistas estadounidenses ya habían intentado infructuosamente en 1897 comprar a España la isla de Cuba, como mismo habían comprado antes La Florida en 1821, y ahora el deterioro de las fuerzas hispanas durante la guerra de independencia de los cubanos y la política de Reconcentración de Valeriano Weyler que provocó la muerte de más de 400 mil seres humanos, junto a la explosión del Maine, les dieron la ocasión esperada para intervenir militarmente, obtener de manera engañosa el apoyo de las tropas del Ejército Libertador y justificar la acción bélica con un amplio despliegue mediático.
La mejor arma del ejército estadounidense era su marina de guerra, cuyo núcleo principal eran siete acorazados modernos y un cuerpo de 13 cruceros protegidos menores de 7,375 toneladas de desplazamiento, lo cual les daba superioridad naval, pues en total tenían 196 unidades de superficie contra 61 de España, y 410 piezas de artillería respecto a las 131 de los hispanos.
Por la parte española su mejor escuadra era la del almirante Pascual Cervera, que no tenía montados sus cañones de grueso calibre, le faltaban proyectiles de otros sistemas y su blindaje estaba muy disminuido, razones por lo cual fue hundida tras cruenta batalla al intentar salir de la bahía de Santiago de Cuba para cumplir la orden de Madrid de reforzar a sus fuerzas en Filipinas. La guerra terminó dramáticamente con la destrucción del poderío naval español en las batallas navales cerca de Santiago de Cuba.
El gran estratega de la llamada Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana fue el mayor general de las tropas mambisas Calixto García, el General de las Tres Guerras, quien expresó siempre su desacuerdo con entregar el mando supremo de las operaciones a los norteamericanos, aunque acató la decisión del Gobierno Cubano en Armas y salvó del descalabro más de una vez a las tropas norteamericanas por la incompetencia de sus jefes. A pesar de eso el mando interventor usurpó a sus tropas la victoria final y no dejaron entrar a los mambises en Santiago de Cuba.
La guerra se extendió entre el 25 de abril y el 12 de agosto de 1898, durante tres meses y 17 días. Significó para Estados Unidos el inicio de su fase imperialista y sus viejos anhelos de dominación mundial. España perdió gran parte de sus posesiones coloniales: Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas y las islas de la Micronesia.
Para los cubanos fue causa de deshonra nacional, la frustración del ideal independentista proyectado por José Martí en el Manifiesto de Montecristi, y la base del posterior surgimiento de una República Mediatizada en 1902. Una falsa república subordinada a los intereses de Estados Unidos y obligada a soportar la presencia de una Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo, como una enmienda constitucional obligatoria para obtener su “independencia”.
Esa verdadera independencia sólo se lograría hasta el 1 de enero de 1959, cuando los nuevos mambises convertidos en el Ejército Rebelde sí entraron a Santiago de Cuba y retomaron para Cuba con una verdadera Revolución los ideales martianos.
Pero el naciente imperialismo norteamericano no cejaría en ningún momento de amenazar la nueva Cuba revolucionaria, agredirla de múltiples formas, organizar y realizar una invasión mercenaria por Playa Girón, ponerla al borde de una guerra nuclear por defender su derecho a la autodeterminación y continúa hoy pretendiendo infructuosamente dominar un pueblo irreductible.