El revolucionario cubano Rubén Martínez Villena a 92 años de su muerte

Rubén Martínez Villena

Rubén Martínez Villena, ese joven de pupila insomne contra las injusticias sociales, murió hace 92 años el 16 de enero de 1934, cuando sólo tenía 35 años, y dejó en Cuba una impresionante obra como revolucionario e intelectual.
Nació Villena –como se le conoce mayormente por su segundo apellido-- un 20 de diciembre de 1899, en Alquizar, actual provincia de Artemisa, y su familia se trasladó a La Habana en 1905. Residieron en la barriada de Guanabacoa, primero, y después en la de El Cerro.
Desde muy joven jugó un papel relevante en las luchas revolucionarias en Cuba durante las décadas de 1920 y 1930, vinculado siempre a la lucha contra la corrupción de los gobiernos republicanos. Lideró la famosa Protesta de los Trece y fue fundador del Grupo Minorista.
Cursó la primaria en una escuela pública, y con 13 años ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. En 1916 se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras y en septiembre del mismo año matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
Comenzó a escribir sus primeros versos a los 11 años, sin embargo, su labor poética comenzó en el transcurso de su carrera universitaria y a los 21 años era ya un poeta conocido. Para complacer a su madre se graduó en 1922 de Doctor en Derecho Civil y Público con excelentes resultados, comenzando a trabajar en el Bufete del sabio y antropólogo cubano Fernando Ortiz, donde se nutrió de ideas revolucionarias, progresistas, y se descubrió antiimperialista.
En esa época entra en contacto con otros jóvenes y personalidades no comprometidas con los partidos políticos tradicionales como Pablo de la Torriente Brau y Emilio Roig de Leuchsenring. El año 1923 marcó importantes hitos en su obra poética, sin embargo, renunció a escribir poesía para entregarse completamente a la lucha revolucionaria.
Consciente de la necesidad de establecer vínculos entre el movimiento obrero y el estudiantado, grupos radicales de la sociedad cubana entonces, participa en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes invitado por el líder estudiantil Julio Antonio Mella y posteriormente en la fundación de la Universidad Popular José Martí para la superación de la clase obrera en su lucha por las reivindicaciones sociales, impartiendo clases y desempeñándose como secretario de la institución. Sus estudios de abogacía fueron puestos a disposición de Mella, de quien fungiría como abogado defensor en más de una ocasión.
Estuvo vinculado al Movimiento de Veteranos y Patriotas contra el gobierno de Alfredo Zayas y desde el ascenso al poder del dictador Gerardo Machado en 1925 lo combatió vehementemente, hasta dirigir la huelga general que lo derribó en agosto de 1933, pese a su grave enfermedad y de conocer su próximo fin.
En junio de 1927 ingresa en el hospital Quinta de Dependientes con el mal que lo llevaría a la muerte: tuberculosis pulmonar. En ese mismo año, en septiembre, ingresó al Partido Comunista donde lo nombraron Asesor Legal de la Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC), organización unitaria del proletariado cubano, de la cual se convirtió en el máximo orientador y su líder natural, aunque nunca asumió la Secretaría General.
En 1928 es electo miembro del Comité Central del Partido Comunista, sin embargo, nunca ostentó cargo oficial alguno debido a los prejuicios del movimiento comunista de la época, y los suyos propios, de que un intelectual no debiera asumir en esa organización la máxima responsabilidad. Tras la muerte de Julio Antonio Mella, en 1929, por acuerdo del Comité Central se convirtió en el principal y más activo dirigente del Partido, desarrollando una ardua labor a pesar de estar afectado de forma aguda por la tuberculosis.
Desde esa responsabilidad le correspondió organizar y dirigir la primera huelga política de la historia de Cuba que estremeció los cimientos del régimen tiránico, paralizando el país por más de 24 horas el 20 de marzo de 1930. Posteriormente viaja a la Unión Soviética para escapar de la feroz cacería que sobre él se desata y con el objetivo de intentar curarse allí de la tuberculosis.
Al agravarse su enfermedad en un sanatorio del Cáucaso recibe la noticia de lo irreversible de la misma y decide regresar a Cuba para conocer a su hija, acompañar a su esposa, y entregar sus últimos alientos vitales al esfuerzo popular para derrocar a Machado. Su vida termina entre la conmoción de la caída del llamado Gobierno de los Cien Días, el 15 de enero de 1934, y la organización del Cuarto Congreso de Unidad Sindical.
Tuvo una breve, pero fecunda vida como poeta y editor de publicaciones, su obra literaria oscila entre las manifestaciones de la prosa y la poesía. Legó poemas muy reconocidos como «La pupila insomne», «El gigante», «Insuficiencia de la escala y el iris» y «El anhelo inútil», entre otros.
Pese a su prematura muerte su nombre está grabado con letras de oro en la historia de Cuba, como revolucionario e intelectual y el pueblo cubano le rinde homenaje en cada aniversario.

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