
Un 17 de junio de 1905, hace 121 años, fallece en La Habana --con 69 años-- una leyenda cuyo solo nombre era temido por las fuerzas españolas durante la guerra por la independencia de Cuba, Máximo Gómez Báez, general en jefe de las tropas revolucionarias cubanas, ejemplo de internacionalista y genio militar.
Nació un 18 de noviembre de 1836 en una modesta vivienda del poblado de Baní, capital de la provincia Peravia en República Dominicana, a 84 kilómetros al sur de Santo Domingo, donde sus horcones originales conservan con devoción sus coterráneos en un área museo de esa ciudad.
Su infancia y adolescencia las pasó en su tierra natal. A los 16 años Gómez se unió al ejército español en la lucha contra las invasiones haitianas de Faustine Soulouque, logrando obtener el grado de alférez.
Luego de que el 1 de mayo de 1865 se firmara en la capital dominicana el acuerdo mediante el cual cesó su anexión a España, con un costo de 20 millones de pesos de entonces y 20 mil bajas españolas, fueron evacuadas de República Dominicana las últimas fuerzas españolas y con ellas gran cantidad de oficiales de reserva. Entre ellos se encontraba Máximo Gómez, quien llegó a Cuba ese año a bordo del vapor Pizzarro, en compañía de sus familiares.
En 1866 logra su baja del ejército español y se establece en el Ingenio Guanarrubí, El Dátil, jurisdicción de Bayamo, donde se dedica a tareas agrícolas y venta de madera. En enero de 1867 su amigo José Vázquez lo acerca a la conspiración por la independencia de Cuba y se integra al grupo de El Dátil.
El 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes se alza contra la dominación española, en su ingenio La Demajagua y da la libertad a sus esclavos, con lo cual comienza la Guerra de los Diez Años. El 16 de octubre de 1868, con 32 años, Gómez se alza en El Dátil como parte del ejército mambí y le otorgan los grados de sargento. Un tiempo más tarde es ascendido a mayor general por Carlos Manuel de Céspedes en la finca Santa Isabel, en las afueras de Bayamo, y asignado a las fuerzas del mayor general Donato Mármol en la jurisdicción de Santiago de Cuba.
Su firme decisión de luchar por la independencia de Cuba hasta lograr la ruptura de la ocupación colonial española lo hacen declararse ciudadano cubano, condición que honró siempre. Desde su incorporación al movimiento revolucionario fue un jefe militar indiscutido, capaz de preparar un ejército popular y enfrentarse al enemigo con extraordinarias posibilidades de triunfo.
Entre sus proezas está la realización de la primera carga al machete, modalidad de guerra que se convertiría en el arma más temida por los soldados del colonialismo español. Este procedimiento bélico con arma blanca fue empleado por los defensores dominicanos contra los invasores de Haití e introducido por Gómez en Cuba. Aquí alcanzó mayor dimensión con la combinación del binomio machete-caballería, que se convirtió progresivamente en la forma fundamental de aniquilar al enemigo en los combates.
Gómez es destituido en 1873 del mando de la División Cuba por ambiciones y envidias. Ese mismo año reorganiza las tropas en Camagüey y Las Villas, y se niega rotundamente a acciones para destituir al presidente Céspedes.
El 6 de marzo de 1878 sale rumbo a Montego Bay, Jamaica, exiliado por su participación en la Guerra de los Diez Años. Llega a Kingston donde se encuentra con Manana, su mujer, sus hijos y hermanas, sumidos en profunda miseria. Arrienda un pedazo de monte en Corbet donde dijo "nos estamos manteniendo casi con mangos" y logra luego establecer una vega de tabaco.
En diciembre de ese mismo año, presionado por la situación económica, deja a su familia en Kingston para aceptar la oferta del presidente de Honduras de un cargo militar y el grado de general de división en ese país centroamericano para organizar una fuerza militar permanente en Amapala. El 9 de febrero de 1879, por dificultades de su familia, pide la baja, se reúne con ellos en Jamaica el 10 de diciembre y luego viajan todos a República Dominicana.
El 2 de octubre de 1884, durante los preparativos para reiniciar la lucha armada en Cuba (Plan Gómez-Maceo), ambos generales conocen personalmente a José Martí en Nueva York. Debido a sus actividades conspirativas por la independencia de Cuba, Gómez es encarcelado en la Fortaleza de Ozama a instancia del Gobierno español en esa isla. El 9 de enero de 1886 es liberado y obligado a vivir fuera de la capital, Santo Domingo.
El 11 de septiembre de 1892, José Martí lo visita en la pequeña ciudad costera de Montecristi, República Dominicana, luego de proponerle el mando del Ejército Libertador de Cuba, “sin más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres..." y el 15 de septiembre Gómez le contesta que "desde ahora puede usted contar con mis servicios."
El 24 de febrero inicia la guerra de 1895. El 25 de marzo Gómez firma con Martí el Manifiesto de Montecristi, Programa de la Revolución de 1895, y en abril, llegan Gómez --ya con 59 años-- y Martí a Cuba, desembarcando en Playitas de Cajobabo, costa sur de Guantánamo. En otra expedición arribaron a Cuba los hermanos Antonio y José Maceo por Duaba, cerca de Baracoa.
Pocas semanas después, luego de constituida la jerarquía militar del Ejército Libertador, con Gómez como General en Jefe y Antonio Maceo como Lugarteniente General, caía Martí en Dos Ríos, con gran pesar de Gómez, “quien lo seguía como a un maestro, pero cuidaba como a un hijo”.
A finales de ese mismo año comenzaría la Invasión a Occidente, una legendaria gesta militar libertadora librada por Gómez y Maceo desde Mangos de Baraguá hasta Mantua, adonde llegó Maceo en octubre de 1896.
En La Habana, además de recibir su segunda y última herida de bala, Gómez llevó a cabo una estrategia de movimientos extremadamente simple pero eficaz para eludir el combate abierto. Se movía en cuadriláteros de dos o tres kilómetros de lado, dejando atónitos a los expertos generales españoles, veteranos de guerras en Europa y África. Refugiándose por pocas horas en los cayos de monte habaneros, atacaba luego a las fuertes columnas hispánicas por la retaguardia, en cargas breves pero feroces.
El Viejo, o Chino Viejo, como era conocido Gómez por sus íntimos, se llenó de pesar al conocer de la caída en combate de Antonio Maceo y junto a él de su bravo y querido hijo, Francisco "Panchito" Gómez Toro.
El Generalísimo se hizo célebre por la férrea disciplina que imprimió a sus tropas. Tanto sus soldados como los prefectos mambises corruptos conocieron penas de muerte por fusilamiento y/o la degradación. Para las indisciplinas menores, no relacionadas con cobardía, el cepo mambí o el paso a la impedimenta eran los castigos usuales.
La cobardía, si no tenía consecuencias graves, era castigada con la obligación de avanzar en solitario hacia filas enemigas y procurarse una o más armas, un uniforme y parque. Los robos o agresiones a campesinos eran castigados con el fusilamiento.
Gómez entró en fuertes contradicciones con el Gobierno de Cuba en Armas presidido por Salvador Cisneros Betancourt por la concesión de grados militares a jóvenes de buena posición social que recién se unían a las filas mambisas.
Ante los esfuerzos de muchos emigrados por el reconocimiento de la beligerancia cubana por Estados Unidos, Gómez dijo: "El reconocimiento de los americanos es como la lluvia: si viene está bien, y si no, también."
Al producirse la intervención norteamericana en la guerra, Gómez se hallaba hacia el centro del país, en su tarea de diezmar las decadentes tropas españolas y a punto de avanzar por segunda vez a La Habana para invadirla definitivamente.
Reaccionó airado ante la prohibición de entrar a Santiago de Cuba a las tropas cubanas, emitida por el general estadounidense Shafter, pero no tomó acción alguna, no sintiéndose con derechos de cubano a pesar de su papel preponderante en la campaña.
Ya en 1898 se trasladó a La Habana, para residir en la Quinta de los Molinos, donde fue recibido por una multitudinaria manifestación de simpatía. Al establecerse la Asamblea del Cerro como Gobierno Provisional, Gómez entró a formar parte de ella, pero se negó a dirigirla, alegando su carácter puramente militar y su condición de extranjero.
Pronto entró en contradicciones con los asambleístas por un préstamo ofrecido por el gobierno de Estados Unidos. El 12 de marzo de 1899, la Asamblea del Cerro acordó la destitución de Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, y la eliminación definitiva de ese cargo.
Gómez, mediante un manifiesto a la nación, expresó: "...extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso, desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse. Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo."
Al conocerse la noticia, las masas populares realizaron manifestaciones de condena a la Asamblea del Cerro y de solidaridad con Gómez. Bajo las consignas “Abajo los Asambleístas” y “Viva Máximo Gómez” durante tres días, el pueblo desfiló ante la habanera Quinta de los Molinos en espontánea acción de desagravio.
En toda la isla se quemaron monigotes que representaban a los asambleístas, el 15 de marzo aparecieron fuertes críticas y burlas hacia los asambleístas en la prensa, a quienes el pueblo acusaba de ir hacia el abismo de la anexión con Estados Unidos. Días después de la destitución de Gómez la Asamblea se disuelve bajo presiones populares, quedando el pueblo de Cuba sin representantes.
El 2 de abril en carta abierta a su esposa, Bernarda Toro, Gómez señala: "Los que esperan, están desesperados. Como ya no espero nada, estoy muy tranquilo con mi inesperada situación, descargado de toda responsabilidad y gozando del cariño de este pueblo que ahora más que nunca, me lo ha demostrado, comprometiendo, por modo tan elevado y sentido, mi gratitud eterna. (...)La actitud del Gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos momentos históricos, nos revela a mi juicio más que un gran negocio... Nada más racional y justo, que el dueño de una casa, sea él mismo que la va a vivir con su familia, el que la amueble y adorne a su satisfacción y gusto; y no que se vea obligado a seguir, contra su voluntad y gusto, las imposiciones del vecino. La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.
El Generalísimo Máximo Gómez Báez falleció el 17 de junio de 1905, sin fortuna personal, en su modesta villa habanera, a la edad de 69 años, con la satisfacción de una vida honesta dedicada a la liberación de Cuba cuyo pueblo lo acompañó en su sepelio y lo recuerda siempre con uno de sus próceres.