A 66 años del asesinato de tres revolucionarios en el Castillo del Príncipe

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Quienes murieron en defensa de la Patria nunca merecen dejar de ser recordados por el pueblo a quien ofrendaron sus vidas. Es el caso de tres valerosos jóvenes, Vicente Ponce Carrasco, Reynaldo Gutiérrez y Roberto de la Rosa, asesinados en el presidio Castillo del Principe por sicarios batistianos el 1 de agosto de 1958. 
Los jóvenes revolucionarios presos por sus actividades contra la dictadura de Fulgencio Batista, habían organizado un acto dentro de la cárcel para conmemorar la caída de Frank País. Los guardias prepararon su venganza: suspendieron las visitas en señal de provocación, y los confinados hicieron una airada protesta. Connotados asesinos al servicio de Batista penetraron entonces en las galeras del presidio con sus pandillas abriendo fuego de ametralladoras. Ocasionaron la muerte de Reynaldo y de Roberto, y Vicente fue herido y rematado a mansalva.
El primero de agosto de 1958 se convirtió en jornada funesta que pasó a la historia como la Masacre del Príncipe. En los últimos días de julio de 1958, el descontento crecía entre los presos políticos. Los que salían en libertad a veces no llegaban a sus casas, pues eran nuevamente arrestados o asesinados. En el Vivac aumentaba el número de los que llevaban largos meses sin celebrárseles juicio.
Poco a poco se fue levantando en forma de conciencia colectiva un ánimo de protesta que contó con el apoyo de todos. Ante las primeras manifestaciones de rebeldía, el teniente coronel Francisco Pérez Clausell, jefe de la prisión, retiró a sus hombres y pidió refuerzos a los más connotados asesinos de la tiraní: Esteban Ventura, Conrado Carratalá, Pilar e Irenaldo García y Martín Pérez, entre otros.
Los esbirros, situados en la planta alta, dispararon indiscriminadamente contra los presos políticos que se encontraban a su merced, quienes respondían con botellas, piedras y todo cuanto caía en sus manos. Reinaldo Gutiérrez cayó inerme, con más de quince balazos disparados por Conrado Carratalá. Humilde entre los humildes, sería el primero de los mártires. Tenía al morir sólo 19 años.
Vicente Ponce Carrasco, de 25 años de edad, trabajaba y estudiaba, era profesor de gramática de la escuela Frank País de los presos políticos, y entusiasta impulsor de las prácticas deportivas del vivac. Muy estimado por todos los que lo conocían, se destacaba por su corrección, disciplina, inteligencia, valor e integridad personal y revolucionaria. Fue ultimado por un miserable cabo del SIM con el cañón de una ametralladora casi pegada a su espalda.
Roberto de la Rosa, de los tres mártires era el de más edad, tenia 39 años. De origen proletario, laboraba como chofer de los autobuses Modernos S.A. donde se había destacado por sus actividades revolucionarias. Nunca pudo asistir a la escuela, y tuvo la oportunidad de hacerlo por primera vez en la prisión donde aprendió a leer y escribir. Murió al instante a manos del mismo cabo del SIM.
Este 1 de agosto, rendimos homenaje a la memoria de estos revolucionarios.
 

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