El legado del Partido Revolucionario Cubano creado por José Martí

Partido Revolucionario Cubano

Para unir y dar coherencia a la acción de todas las fuerzas revolucionarias por lograr y defender la independencia de la Patria, José Martí en abril de 1892 el Partido Revolucionario Cubano, cuyas raíces e ideales retomó el Partido Comunista de Cuba al constituirse en 1975.
Hace 133 años, con su visión anticipadora, Martí proclamó a la emigración cubana la necesidad de crear un órgano que proporcionara una línea programática a la nueva guerra en preparación, y diera coherencia y unidad a los dispersos esfuerzos independentistas bajo un mismo programa de acción.
Para encauzar el pensamiento y la acción patrióticos, Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y fue su primer Delegado, máxima expresión de su genio político, en el que demostró su capacidad para aunar al pueblo y dirigirlo hacia el logro de sus más altos propósitos. Así concluyó el proceso que había comenzado algo más de tres meses antes cuando se habían aprobado las bases y estatutos secretos de la organización, en Cayo Hueso.
Constituía entonces una necesidad lograr la superación de las principales causas que mantenían desunidos a los patriotas y era impostergable crear un espacio político donde se juntaran cuantos estuvieran dispuestos a la acción revolucionaria, sin limitación alguna por color de la piel, sexo, nacionalidad, posición social, criterios sobre el ordenamiento social, la ubicación dentro o fuera de la Patria, y la participación o no en las anteriores contiendas.
Sólo mediante una organización que uniera en su programa los intereses y características de los diferentes grupos de emigrados y los integrantes de la sociedad cubana, sería posible crear, en un futuro, una República sin predominio de clase social alguna y de carácter popular, con el apoyo de las grandes mayorías, y venciendo los históricos temores y prevenciones.
A la vez, “debían transformarse los métodos de dirección y superar las contradicciones principales entre militares y civiles, cubanos radicados en la Isla y en el exilio, patriotas veteranos y de la nueva generación, ricos y pobres, patronos y obreros, habitantes de las provincias occidentales y orientales, cubanos y españoles, negros y blancos”, precisaba Martí.
"La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político", puntualizaba el Apóstol al fundar el PRC, máxima expresión de su genio político, en el que demostró su capacidad para aunar al pueblo y dirigirlo hacia el logro de sus más altos propósitos.
Al cumplirse 83 años de ese momento histórico, en 1975, el Comandante en Jefe Fidel Castro ante más de un millón de personas congregadas en La Habana expresaba: “Si allí en el (teatro) "Carlos Marx" se reunió el Congreso del Partido (Comunista de Cuba PCC), aquí en la Plaza de la Revolución se reúne el Congreso del Pueblo para expresar su apoyo a los acuerdos del Congreso. Pero si allí votamos, aquí debemos votar también. Si allí discutimos y aprobamos todas las tesis, aquí, en representación de todo el pueblo, debemos también votar, y preguntarle a nuestro pueblo si apoya o no apoya los acuerdos del Congreso”.
Incomparable ejemplo de democracia, las tesis aprobadas por el naciente Partido Comunista de Cuba para trazar el rumbo de Cuba para los años futuros fueron aprobadas de manera libre y entusiasta por el pueblo de la capital y en las provincias, porque como recalcó Fidel “nuestro pueblo se siente representado en el Partido”.
“Pero, además –enfatizó Fidel empleando el mismo método martiano con el que surgió el PRC-- las tesis más importantes fueron discutidas con todo el pueblo. El pueblo participó en la elaboración de esas tesis y en la elaboración de la política de los años futuros. ¡Y por eso sabe que las tesis y los acuerdos del Congreso son sus tesis y son sus acuerdos!”.
Los principales desafíos de entonces se parecen mucho a los principales desafíos de hoy. Entonces Cuba luchaba contra el colonialismo español y Martí advertía con anticipación el interés del naciente imperialismo norteamericano por apropiarse de la Isla. Hoy y durante más de seis décadas, el pueblo cubano ha sabido resistir el bloqueo más cruel, calificado internacionalmente como genocida, impuesto por 13 gobiernos de Estados Unidos desde los primeros años de la Revolución triunfante en la Isla. Bloqueo acrecentado hasta el extremo, de manera coincidente con el inicio de la pandemia de la Covid-19 desde marzo de 2020, con el mismo interés de asfixiar al pueblo y forzar una rendición por hambre y privaciones, que usaron los españoles con la reconcentración decretada por Valeriano Weyler en 1896.
“Una nueva etapa de la Revolución se inicia con este Congreso. El camino hasta aquí no ha sido fácil, pero lo hemos andado. El camino futuro tampoco será fácil, pero lo andaremos mejor todavía”, afirmó Fidel en la clausura pública del Primer Congreso del PCC y la vigencia de esa confianza resuena fuerte en los oídos del pueblo cubano, con la decisión siempre de vencer todos los obstáculos que se atraviesen en su camino hacia un futuro socialista, próspero y sostenible.

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