Victoria de Quifangondo permitió proclamar la República de Angola

Victoria de Quifangondo

La victoria de las fuerzas cubano-angolanas en Quifangondo un 10 de noviembre de 1975, hace 46 años, posibilitó la proclamación de la República Popular de Angola gracias al rápido despliegue internacionalista de la Operación Carlota, ordenada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

El 5 de noviembre de ese año, ante la escalada de los ataques a la incipiente revolución angolana por tropas de Sudáfrica y Zaire, Cuba decide apoyar militarmente al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) a fin de impedir que tomaran Luanda antes del 11 de noviembre, fecha en que Agostinho Neto asumiría la presidencia de la naciente República tras vencer en larga lucha al imperio colonial portugués.

Desde el 4 de septiembre fuerzas del Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) encabezado por Holden Roberto, un conocido agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), habían llegado al norte de Quifangondo, donde fueron detenidos en su avance por la novena brigada de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA), la mejor unidad angolana por ese entonces que recién se sumaba a los combates.

Un contra ataque de las FAPLA los empujan a 40 kilómetros de Luanda, pero el FNLA ataca de nuevo a finales de septiembre y solo logran detenerlos en Morros da Cal, a escasos tres kilómetros de Quifangondo. El enemigo seguía recibiendo refuerzos de Zaire, ataca el 23 de octubre Los Morros y desalojan de allí a la brigada angolana y a unos 40 asesores cubanos que se habían incorporado y eran los primeros internacionalistas en combatir en Angola.

Las fuerzas patrióticas se retiran entonces a Quifangondo, una aldea en el centro de una amplia llanura pantanosa, donde se hacen fuertes. El 6 de noviembre el FNLA ataca de nuevo y es rechazado, pero la situación sigue siendo crítica para las FAPLA pues desde Zaire le llegan refuerzos al enemigo y más armas norteamericanas, junto a oficiales sudafricanos para dirigir las operaciones, artillería pesada y nuevas dotaciones de ese mismo país.

El 4 de noviembre a las 18.45 horas parte de La Habana un avión Britannia con unos 100 cadetes de la 11na graduación de la Escuela de Artillería “Camilo Cienfuegos”, quienes desembarcan en Brazzaville. La mitad son destinados a Punta Negra y el resto a Luanda adonde llegan el 7 de noviembre e inmediatamente parten para Quifangondo, donde las fuerzas enemigas por el norte estaban a unos 20 kilómetros, dirigidas en lo militar por 26 oficiales surafricanos con asesoramiento de inteligencia de oficiales norteamericanos, y sólo se le interponían hasta la capital los defensores del Rio Bengo.

Las fuerzas invasoras para el 9 de noviembre están conformadas por tres batallones de infantería de Zaire con 1,209 hombres, 2,000 angolanos del FNLA y 120 mercenarios blancos en vehículos blindados AML-60 y 90, apoyados por artillería de largo alcance, unidades de aseguramiento y cuatro piezas de artillería surafricanas con dotaciones de ese propio país.

Quifangondo ese mismo día estaba defendido por 850 combatientes FAPLA de la novena brigada, 200 katangueses, 88 cubanos (asesores y los artilleros arribados el día 7), y 120 cubanos más de Tropas Especiales que habían acabado de llegar y estaban de reserva en la segunda línea por si la agrupación invasora rompía el frente.

Los cubanos operan la artillería de cañones anti tanque sin retroceso SPG-9, morteros 82 mm y 120 mm. Las decisivas seis unidades reactivas BM-21, que llegaron el 7 de noviembre en el barco cubano “La Plata”, desembarcaron de forma oculta, fueron trasladadas inmediatamente a un bosque y emplazadas a menos de siete kilómetros del borde delantero del poblado de Quifangondo.

Al amanecer del 10 de noviembre, a las 04:50 horas, comienza una preparación artillera enemiga que dura hasta pasadas las 09.00 horas y luego una ofensiva de infantería precedida por nueve vehículos blindados AML.

Las fuerzas conjuntas cubano-angolanas resisten heroicamente y con cañones sin retroceso SPG-9 logran destruir cuatro blindados. La buena elección del lugar para enfrentar a las fuerzas enemigas y la voladura del puente por los zapadores, hace que su infantería tenga que atacar sobre un frente no mayor de un kilómetro de ancho, por lo que al abrir las fuerzas patrióticas un intenso fuego con morteros 82 mm y 120 mm en barrera le ocasionan fuertes pérdidas.

En la retaguardia enemiga los oficiales sudafricanos concentran las reservas en una granja avícola, para comprometerlas en el combate decisivo, pero la maniobra de agrupación fue detectada por la exploración cubana y trasmitida a la batería reactiva que se mantenía bien oculta. Es entonces cuando, por primera vez, los BM-21 abren fuego en Angola.

Las masivas descargas de las conocidas “katiuskas” caen en medio de las tropas concentradas en la granja, causando pánico entre soldados y oficiales destruyendo blindados, trasportes y piezas de artillería, a medida que se acercaban al rio Bengo. El enemigo, presa de pánico, huyó en desbandada.

Este hecho decidió el combate el cual cesa cerca de las 14:00 horas al huir en desbandada las tropas invasoras, dejando en el campo más de 300 muertos y aproximadamente el 80 por ciento de los medios blindados destruidos. Los combatientes cubano-angolanos no perdieron un solo hombre en aquella acción y ni uno solo de sus equipamientos fue destruido. La inteligencia norteamericana no pudo detectar la entrada en servicio de estos medios por las fuerzas cubanas, lo cual demostró lo acertado y oportuno de su traslado y ocultamiento.

La victoria de Quifangondo fue el comienzo de la derrota de las fuerzas que atacaban desde Zaire, y en ella los BM-21 cubanos jugaron un papel decisivo para el desenlace de la batalla. Luanda fue preservada, asume Agostinho Neto la presidencia y comenzó la ofensiva.

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