Fidel impregnó al pueblo cubano su optimismo y confianza en la victoria

Fidel

A seis años de la desaparición física del líder de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, su ejemplo de trabajador incansable, su obra siempre orientada al bienestar del pueblo, su optimismo realista, su valentía a toda prueba y sus ideas, son la mejor arma para vencer siempre.
Porque, como decía el Maestro José Martí en referencia a los grandes hombres, “truécase en polvo el cráneo pensador, pero viven y fructifican los pensamientos que en él se elaboraron”, y que reconocen personalidades del mundo en Fidel como uno de los grandes líderes revolucionarios del siglo XX.
Hablar de Fidel es hablar de disímiles frentes y del ejemplo de su vida, desde su incorporación muy joven a la fracasada expedición de Cayo Confites para liberar a República Dominicana, su participación en el Bogotazo con 22 años en representación del estudiantado cubano, de las luchas estudiantiles, la clandestinidad, el asalto al Cuartel Moncada con su alegato en el juicio, conocido como La Historia me Absolverá, donde trazó el programa de la Revolución cuando todo entonces parecía un sueño.
Es el mismo Fidel de la prisión fecunda, del exilio y el desembarco del Granma, en cuya travesía puso en riesgo la operación para buscar hasta rescatar a un expedicionario caído al agua, y enseñarnos a todos que la Revolución jamás abandona a ningún combatiente.
El que tras el desembarco del Granma y el posterior desastre de Alegría de Pío llega a Cinco Palmas el 18 de diciembre de 1956, y cuando logra reunirse con su hermano Raúl, luego del abrazo emocionado, le pregunta: ¿Cuántos fusiles traes?, cinco responde Raúl, y Fidel pronuncia entonces la frase histórica: ¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!
Esa máxima expresión del optimismo, convertida en realidad tras poco más de dos años de cruenta lucha contra un ejército fuertemente armado y equipado por Estados Unidos, acompaña y acompañará siempre a los revolucionarios con la enseñanza de Fidel de nunca rendirse, aun ante las más adversas condiciones, convertir los reveses en victoria y mantener la fe en el triunfo.
Con su acertada estrategia Fidel doblegó desde la Sierra Maestra a las tropas de la tiranía batistiana, armadas y entrenadas por Estados Unidos, derrotando su proclamada ofensiva e iniciando la contraofensiva victoriosa.
Consecuente con su denuncia en el juicio en 1953 sobre la tragedia de la vivienda en Cuba, al triunfo de la Revolución fue quien proclamó la Ley de la vivienda, la rebaja de alquileres, nacionalización de la Empresa Eléctrica, las transnacionales extranjeras y los latifundios.
El que dio a las mujeres su merecido lugar en el combate, creando el pelotón Mariana Grajales y, posterior al triunfo, la Federación de Mujeres Cubanas. El que promulgó desde la comandancia rebelde en La Plata, a pocos días del triunfo de enero de 1959, la primera Ley de Reforma Agraria para darle tierras a los campesinos, a quienes luego organizó en la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Quien supo ser, al mismo tiempo, el líder de los trabajadores organizados en las ciudades y campos, de los jóvenes y de los viejos, de los maestros, los estudiantes, los pequeños campesinos, los artistas e intelectuales, los deportistas, los médicos, los científicos y los periodistas.
En el tercer año de la Revolución Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución previo a comandar el combate en Playa Girón para propinar la primera gran derrota militar al imperialismo en América. Ese mismo año convocó al pueblo a la Campaña de Alfabetización, donde alfabetizaron a 707 mil cubanos y proclamó a Cuba como Territorio Libre de Analfabetismo.
Luego llamó a continuar la campaña por llevar al sexto grado de escolaridad a toda la población y estableció la educación gratuita a todos los niveles, lo cual permite hoy a Cuba tener a casi el 50 por ciento de su población con un título de educación superior en 50 universidades, y un pujante desarrollo en el campo de la tecnología y las ciencias, capaces de controlar la pandemia mundial de la COVID-19 en Cuba, tener varias vacunas reconocidas en el mundo por su efectividad, y prestar ayuda médica a numerosas naciones.
El sueño del Moncada de un sistema de salud pública universal y gratuito comenzó a aplicarse desde el mismo triunfo. Su eficiente estructura médica y epidemiológica, con miles de médicos, enfermeros y técnicos de salud, no sólo han dado al pueblo cubano altos índices de salud, sino que sus contingentes internacionalistas han ayudado en ese campo a más de 60 países.
Fidel desde el 24 de febrero de 1960 nos enseñó a “consumir menos de lo que produzcas, a ahorrar para poder invertir, …porque el dinero tiene que salir de la producción nacional, de esa parte de la producción nacional, que en vez de gastarla la vamos a invertir”. Con ese principio Fidel resistió agresiones externas y un genocida bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos hace 60 años, y condenado en Naciones Unidas por los países del mundo en 30 votaciones consecutivas desde 1992.
Fue también Fidel el líder capaz de unir las distintas fuerzas revolucionarias hasta crear el Partido Comunista de Cuba para dirigir la Revolución; la Asamblea Nacional del Poder Popular para legislar y orientar la labor del Estado; de elaborar con participación popular una Constitución acorde con los nuevos tiempos; y encabezar la resistencia popular tras el derrumbe del campo socialista que nos sumió en un muy difícil “período especial en tiempo de paz”.
Muestra del odio de sus enemigos es que hasta el 2007 se fraguaron 638 intentos de asesinato contra su persona en distintas fases de desarrollo, llegando a ejecutarse más de un centenar los que fracasaron por la acción de la Seguridad del Estado o la cobardía de sus autores.
Esa decisión de Fidel brilló a lo más alto durante la Crisis de Octubre de 1962, cuando el pueblo cubano estuvo preparado para desaparecer en una guerra nuclear frente a Estados Unidos, y no nos rendimos.
Es cierto que se han cometido errores, sobre todo en el terreno económico, reconocidos por el propio Fidel al convocar en la sesión diferida del tercer congreso del Partido Comunista de Cuba, el 2 de diciembre de 1986, a un proceso de rectificación de errores y de lucha contra las tendencias negativas.
Esa enseñanza de Fidel y de Raúl de reconocer errores y empeñarse con la manga al hombro en enmendar los fallos, es lo que hacemos hoy todos sus continuadores, bajo la guía del Partido, la conducción del Gobierno y del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, para enrumbar al país por la ruta del desarrollo con una economía próspera y sostenible.
Mucho queda por decir de la obra de Fidel en la cultura, el deporte y la recreación al servicio del pueblo; en el desarrollo del turismo aprovechando las excelencias naturales de la Isla, cuando Cuba perdió de golpe la mayoría de sus exportaciones e importaciones; de la titánica labor de restauración de la Habana Vieja, encomendada por él a su colaborador y amigo, Eusebio Leal; de su influencia política en el mundo, en especial en América Latina y El Caribe, en África y como Presidente del Movimiento de países No Alineados; de sus condiciones de estratega militar al dirigir desde Cuba a las tropas internacionalistas cubanas que derrotaron la invasión de Sudáfrica a Angola, liberaron Namibia y contribuyeron a eliminar el Apartheid.
Mienten quienes acusan a Fidel de intransigente con los cubanos que viven fuera de la Isla, pues olvidan que fue él quien organizó los encuentros La Nación y la Emigración para facilitar el acercamiento entre las familias, con la mayoría que emigró por razones económicas y no hacen acciones terroristas contra la Revolución, y a los cuales ahora se les invita a invertir aquí.
La desesperación de 12 administraciones de Washington al ver frustrados sus intentos por destruir la Revolución, recrudece el bloqueo a niveles sin precedentes en el mundo pese al rechazo internacional en Naciones Unidas, moviliza todo su poderío mediático contra la Isla y mueve sus peones internos con fondos millonarios que nunca les han faltado. Pero el resultado ha sido, es y será siempre el mismo, porque la gran mayoría del pueblo cubano sigue siendo revolucionaria y fidelista pese a las dificultades, y lucha con la convicción de que, igual que lo hicimos con Fidel, saldremos victoriosos.

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