Fidel está siempre presente en las obras y las batallas

Fidel en nosotros

Para la mayoría de la población cubana que conoció al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, es una realidad siempre presente el pensamiento martiano de que “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

Y es así porque en cada nueva obra en beneficio del pueblo habrá siempre alguien que diga “así lo quería Fidel”, y en cada conquista de nuestros científicos formados por la Revolución, esos hombres y mujeres que escalaron las altas cumbres del conocimiento recordarán a quien supo ver en fecha tan temprana como enero de 1960 que “el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”.

Cuando llueven nuevas amenazas del vecino del Norte que intenta estrangular a nuestro pueblo con un genocida bloqueo que dura ya casi seis décadas, no podemos dejar de recordar los momentos previos a la invasión mercenaria de Playa Girón, en el entierro de las víctimas del criminal bombardeo, cuando Fidel dijo a la multitud congregada frente al cementerio habanero que “eso es lo que no pueden perdonarnos (los imperialistas), que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!  Y así fue, Fidel al frente de su pueblo, le propinaron al imperialismo su primera gran derrota en América.

Sus orígenes en el ataque al Cuartel Moncada, el alegato de defensa “La historia me absolverá”, la prisión fecunda, el exilio en México, el desembarco del Granma y el posterior desastre de Alegría de Pío, nos llevan al encuentro en Cinco Palmas, el 18 de diciembre de 1956, cuando logra Fidel reunirse con su hermano Raúl y, luego del abrazo emocionado, le pregunta: ¿Cuántos fusiles traes?, Cinco responde Raúl y Fidel pronuncia entonces la frase histórica: ¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Esa máxima expresión del optimismo, convertida en realidad tras poco más de dos años de cruenta lucha contra un ejército fuertemente armado y equipado por Estados Unidos, acompaña y acompañará siempre a los revolucionarios con la enseñanza de Fidel de nunca rendirse, aun ante las más adversas condiciones, convertir los reveses en victoria y mantener la fe en el triunfo.

Así fue también durante la Crisis de Octubre de 1962, cuando el pueblo cubano estuvo preparado para desaparecer en una guerra nuclear, y no nos rendimos.

Es cierto que se cometieron errores, sobretodo en el terreno económico, reconocidos por el propio Fidel al convocar en la sesión diferida del tercer congreso del Partido Comunista de Cuba, el 2 de diciembre de 1986, a un proceso de rectificación de errores y de lucha contra las tendencias negativas.

Y esa enseñanza de Fidel y Raúl de reconocer errores y empeñarse con la manga al hombro en enmendar los fallos, es lo que hacemos hoy todos sus continuadores, bajo la guía del Partido, la conducción del Gobierno y del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, para enrumbar al país por la ruta del desarrollo con una economía próspera y sostenible.
La desesperación de 12 administraciones de Washington al ver frustrados sus intentos por destruir la Revolución, recrudece el bloqueo a niveles sin precedentes en el mundo, pese al rechazo internacional durante 29 años en Naciones Unidas, moviliza todo su poderío mediático contra la Isla y mueve sus peones internos con fondos millonarios que nunca les han faltado. Pero el resultado ha sido, es y será siempre el mismo, porque la gran mayoría del pueblo cubano sigue siendo revolucionaria y fidelista pese a las dificultades.

Mienten quienes acusan a Fidel de intransigente con los cubanos que viven fuera de la Isla, pues olvidan que fue él quien organizó los encuentros La Nación y la Emigración para facilitar el acercamiento entre las familias, con la mayoría que emigró por razones económicas y no hacen acciones terroristas contra la Revolución, y a los cuales ahora se les invita a invertir aquí.

A cinco años de la desaparición física de Fidel, su ejemplo, su obra y sus ideas son nuestra mejor arma para vencer. Porque, como decía José Martí en referencia a los grandes hombres, “truécase en polvo el cráneo pensador, pero viven y fructifican los pensamientos que en él se elaboraron”.

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