Fidel Castro alertó hace 22 años sobre el peligro de los mercados financieros

Cumbre

Al inaugurar la IX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica en La Habana, el 15 de noviembre de 1999, el Comandante en Jefe Fidel Castro recordó que “su tema central: Iberoamérica y la situación financiera internacional en una economía globalizada, fue propuesto en Oporto por Cuba cuando algunos daban por seguro que a estas horas en 1999 no habría ya el menor síntoma de crisis”.
La importancia del tema fue debidamente valorada por los dignatarios presentes y recogida en su declaración final, reconociendo la alerta hecha por Fidel al denunciar “la volatilidad de los flujos de capital de corto plazo, que se han convertido en un factor de inestabilidad potencial para las economías del mundo. Tal situación no se ha visto acompañada de un desarrollo adecuado de las instituciones financieras nacionales e internacionales ni de los mecanismos necesarios de regulación y de supervisión bancaria."
Y precisaban los mandatarios que “la extraordinaria expansión de los mercados financieros internacionales y la multiplicación de sus agentes e instrumentos, genera una creciente vinculación entre los diversos mercados financieros de cada país, principalmente por la magnitud y rapidez con que se mueven los flujos internacionales de capital”.
Hace ya 22 años de esa Cumbre y nadie imaginaba que esa alerta sería corroborada en Iberoamérica por las políticas crediticias del Fondo Financiero Internacional (FMI), de las grandes transnacionales, y por los movimientos ilegales de capitales a paraísos fiscales puestos en la palestra pública con los Papeles de Panamá en 2016 y los Papeles de Pandora en 2021.
Pese a la presencia de mandatarios totalmente identificados con las políticas neoliberales promovidas por Estados Unidos y el FMI, la IX Cumbre aprobó una denuncia sobre “la volatilidad de los flujos de capital de corto plazo como factor de inestabilidad en la economía mundial y la disminución de los flujos de capital hacia los países en desarrollo”.
Igualmente, reiteraron su “enérgico rechazo a la aplicación unilateral y extraterritorial de leyes o medidas nacionales que infrinjan el Derecho Internacional e intenten imponerse en terceros países a sus propias leyes y ordenamientos, e insistieron con especial énfasis en su exhortación al gobierno de Estados Unidos para poner fin a la aplicación de la Ley Helms-Burton”, una de las que endureció la genocida política de bloqueo al pueblo cubano.
Aun cuando mucho de lo aprobado quedó en letra muerta, los mandatarios de Iberoamérica se pronunciaron entonces por “fortalecer políticas macroeconómicas orientadas al crecimiento; políticas sociales encaminadas a reducir desigualdades, así como a lograr que los sectores más vulnerables accedan a las oportunidades que ofrece la globalización; y a revertir la brecha tanto entre países desarrollados y en vías de desarrollo, como entre los segmentos poblacionales de mayores y menores ingresos."
Pero reconocieron igualmente que "estas crisis de los mercados financieros internacionales, dada su magnitud, recurrencia y potencial de transmisión en una economía globalizada, han tenido severas consecuencias sobre los grupos sociales más vulnerables y sobre las economías más débiles y pequeñas y aquellos países con graves desequilibrios económicos”.
En las palabras inaugurales de la cita Fidel Castro recordaba que “cuando en julio de 1991 se inició la primera Cumbre (Iberoamericana) en Guadalajara, no imaginaba siquiera cuál sería la evolución posterior de ese evento. Yo era allí una especie de ave rara, un intruso al que se le perdonaba la vida al admitirlo en aquella sala. Cuba era la eterna excluida de toda reunión en este hemisferio. No pocos me miraban con curiosidad y hasta con lástima. Es posible que casi nadie creyera que Cuba podía resistir el derrumbe del campo socialista que condujo al doble bloqueo que abruptamente habría de soportar nuestro país”.
Y agregaba con ironía que “fue por aquellos días que gente docta y sabia, de los que adivinan el porvenir, muy coordinadamente, se dieron a la imposible tarea de persuadir a Cuba de que debía abandonar los caminos de la revolución y el socialismo como única alternativa de salvación posible. Llovieron consejos de todas partes. Pero nosotros pensábamos de otra forma y estábamos decididos a luchar. Como si tuviésemos por preceptor al mismísimo Aristóteles, escuchábamos educadamente sus consejos con la sonrisa de la Gioconda y la bíblica paciencia de Job”.
Entonces Fidel Castro afirmó a los mandatarios presentes que “la historia nos ha dado a todos una lección. Las Cumbres Iberoamericanas han adquirido una importancia enorme. Han sido motivo de inspiración, impulso o apoyo a muchas actividades integracionistas, (…) comprendemos con más profundidad los complejos problemas de nuestros respectivos países; no necesitamos permisos ni convocatorias ajenas para reunirnos en familia y sin exclusión de nadie (…) y advertía que “actuando separados, uno a uno, podríamos ser todos devorados; juntos, nadie tendría poder para devorar a ninguno de nosotros”.

 

 

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