Fidel aborta intento de golpe de Estado y la Revolución toma el poder

Revolución

Los últimos días de 1958 en Cuba fueron de tensión ante el triunfo inminente del Ejército Rebelde contra la dictadura de Fulgencio Batista. Al amanecer del 1ro.de enero de 1959, el Comandante Fidel Castro supo de la huida del tirano y movilizó al pueblo para frustrar un golpe de Estado.
Fidel estaba en el batey del Central América donde había pasado la noche. Sin perder un minuto redactó una proclama, fue donde estaba la planta móvil de Radio Rebelde, instalada en Palma Soriano liberado y se dirigió al pueblo de Cuba en audición retransmitida por numerosas estaciones de radio.
“Cualesquiera que sean las noticias procedentes de la capital, las tropas no deben hacer el alto al fuego por ningún concepto. Las fuerzas deben proseguir sus operaciones contra el enemigo en todos los frentes de batalla. Se aceptará sólo conceder parlamento a las guarniciones que deseen rendirse”, dijo.
“Al parecer, alertó, se ha producido un golpe de estado en la capital” y llamó al pueblo a estar muy alerta y atender sólo las instrucciones de la Comandancia General. “¡Revolución Sí, golpe militar No! Escamotearle al pueblo la victoria, ¡No, porque sólo serviría para prolongar la guerra!”, enfatizó.
Minutos después Fidel redactó una segunda alocución donde convocó al pueblo a la huelga general revolucionaria. Instruyó a las columnas que estaban en las afueras de Santiago de Cuba que ocuparan sus posiciones y estuvieran alertas a la orden de ataque. Ordenó al comandante Camilo Cienfuegos partir de inmediato hacia La Habana con las fuerzas de que disponía, sin debilitar el frente del centro del país, y ocupar el Campamento de Columbia.
Al Che Guevara le dio la misión de ir de inmediato hacia La Habana y hacerse cargo de la fortaleza de La Cabaña, a lo que este respondió: "Comandante, sus órdenes serán cumplidas".
Antes de partir esa misma mañana de Palma Soriano rumbo a Santiago de Cuba, Fidel ordenó a Radio Rebelde continuar en cadena con la CMKC de Santiago de Cuba, radioemisoras nacionales y de aficionados, para mantener al pueblo verazmente informado y evitar sea confundido con falsas noticias.
Santiago de Cuba estaba ocupado por más de 5 000 soldados batistianos. El Cuartel Moncada en todos los accesos y entradas tenía un fuerte dispositivo defensivo. Pretendían tomar la plaza 1 200 combatientes rebeldes, quienes serían apoyados por la población que, con las milicias del M-26-7 se alzarían en armas a la orden. Había cuatro soldados por cada guerrillero, la correlación más favorable a las fuerzas revolucionarias en todos los 761 días de guerra.
La ciudad estaba en pie de guerra, la moral de la soldadesca por el piso. Por la tarde Raúl entra sin combatir al Cuartel Moncada, rompe el retrato del dictador delante de los oficiales, les habla a los soldados en el polígono del cuartel, y se produce la rendición formal del Coronel Rego Rubido.
Fidel marcha en la noche del 1ro de enero hacia la indómita ciudad y en medio de un júbilo extraordinario baja las lomas del Escandel. Se confundían los uniformes verde olivo, con los kakis amarillos de soldados y oficiales del Ejército quienes llevaban también el brazalete rojo y negro del 26 de Julio.
Muy tarde en la noche del primer día del nuevo año, la radio convocó a los santiagueros para que se congregaran en el Parque Céspedes, y de inmediato miles de personas se ubicaron frente al edificio del Ayuntamiento, con el propósito de escuchar las palabras del líder de la Revolución.
Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, fue el primero en hacer uso de la palabra, transmitiendo un mensaje de paz y conciliación. A continuación, el comandante Raúl Castro Ruz se dirigió al pueblo. Intervinieron también: José Pellón Jaén, en nombre de los trabajadores; Omar Fernández Cañizares, por los estudiantes; Leyila Sarabia Rodríguez, por las mujeres cubanas y Francisco Ibarra Martínez por los maestros y clases vivas de la ciudad, entre otros.
En medio de aplausos, Fidel se refirió luego a lo duro y largo que resultó el camino, pero que habían llegado. Expresó que cuando decidieron que Santiago de Cuba fuera la Capital Provisional de la República, no era por halagar a una localidad determinada, sino porque Santiago había sido el baluarte más firme de la Revolución.
Denunció la traición del general Eulogio Cantillo y la frustración del golpe militar que habían intentado dar en La Habana. Esta vez, dijo, no sería como en 1895, cuando los norteamericanos no dejaron entrar a Calixto García en esa histórica ciudad; ni como en 1933, cuando Batista traicionó, se apoderó del poder e instauró una dictadura por 11 años. Tampoco sería como en 1944, año en que las multitudes creyeron que, al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones. Esta vez sí es la Revolución, recalcó.
Manifestó que esa noche el doctor Manuel Urrutia Lleó tomaba posesión de la presidencia provisional de la República y nombraría su gabinete de gobierno desde Santiago de Cuba, quedando excluido Fidel de cualquier cargo de gobierno por decisión propia y conservaría el de jefe del Ejército Rebelde.
Después de un largo discurso en la madrugada, que los santiagueros no querían terminara por la avidez de escuchar a Fidel, en el cual elogió el heroísmo y la disciplina de esta ciudad y enfatizó que la Revolución empieza ahora, pero no será una tarea fácil, sino una empresa dura y llena de peligros.
En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas, proclamó Fidel en medio de una prolongada ovación como preludio de las que recibiría a lo largo de Cuba la Caravana de la Libertad.

 

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