Explosión del Maine, el mismo pretexto imperialista desde 1898

Explosión del Maine

Han pasado 124 años y el pretexto que utilizó el naciente imperialismo norteamericano para intervenir en la guerra de independencia entre Cuba y España cuando los mambises tenían casi ganada la guerra, es la misma fórmula que continúan repitiendo para justificar sus invasiones en el mundo.

En la noche del 15 de febrero de 1898 la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana, donde realizaba una “visita amistosa” desde el 25 de enero pese a la tirantez en esa época de las relaciones entre Estados Unidos y España, sirvió de pretexto a Washington para lograr sus intentos desde inicios del siglo XIX de que Cuba formara parte de la nación norteña.

Cuando en 1823 surgió la teoría de la “fruta madura” y se aprobó la Doctrina Monroe en Estados Unidos de “América para los americanos”, sus apetencias sobre Cuba habían pasado ya por seis intentos de compra de la isla a España, una década de presiones anexionistas y la falta de reconocimiento de la beligerancia de los cubanos en su lucha contra el coloniaje español.

Ninguna de esas acciones había dado los resultados esperados y con la victoria mambisa prevista a muy corto plazo la “fruta madura” se perdería para siempre. El pensamiento mafioso de los estrategas de Washington decidió entonces fabricar un pretexto sacrificando a las tres cuartas partes de los 354 tripulantes del acorazado que perecieron en la explosión.

Su tripulación estaba compuesta por 26 oficiales y 328 alistados. Entre estos últimos había numerosos emigrantes, aunque casi todos eran ya ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes en proceso de obtención de la ciudadanía. No es cierto, como a veces se ha afirmado, que la mayoría de los tripulantes fueran negros. Fuentes dignas de crédito afirman que las personas negras eran menos de la quinta parte.

Como ya se ha hecho costumbre, con las posteriores intervenciones de Estados Unidos en el Medio Oriente, Granada y otros países, la prensa de ese país reaccionó al momento, acusando a España de haber volado el barco con una mina desde el exterior partiéndolo en dos a la altura de la proa, y reclamando una respuesta “enérgica” del país norteño.

Investigaciones científicas posteriores demostraron que la explosión fue de origen interno, pero el historiador cubano Gustavo Placer Cervera concluye en su libro sobre el tema que cualquiera que haya sido su origen la trascendencia histórica de este suceso fue su manipulación para convertirlo en un pretexto que justificara la intervención oportunista de Estados Unidos en Cuba.

La explosión sacrificó la vida de 261 marines norteamericanos, pero la casi totalidad de los 26 oficiales se salvaron pues habían bajado a tierra. La prensa amarilla de Estados Unidos —controlada por Joseph Pulitzer y Randolph Hearst—justificaba la necesidad de una intervención militar en el conflicto y comenzó a acusar directamente a España de haber causado la explosión.

Esa campaña mediática llevó en pocos días a la buscada declaración de guerra a España en 1898, a la aprobación de la engañosa Declaración Conjunta y al inicio de la llamada guerra hispano-cubana-norteamericana, donde impidieron a los mambises entrar en Santiago de Cuba y se frustraron 30 años de lucha armada por la independencia.

A consecuencia de la explosión del Maine Cuba pasó de colonia de España a neo colonia de Estados Unidos cuya ocupación se prolongó hasta 1902.

En 1911, los restos del Maine fueron reflotados para rescatar los cuerpos de las víctimas y llevar cuatro millas mar afuera el casco del buque que obstruía la entrada del puerto habanero. Estados Unidos nunca permitió que una comisión internacional inspeccionase los restos del barco. Pero en 1978 peritos norteamericanos, con el almirante H.G. Rickover al frente, tras revisar el informe publicaron un nuevo dictamen afirmando que la explosión fue accidental y producida desde el interior por combustión espontánea del carbón.

Un pretexto semejante a la voladura del Maine intentó reeditarse en 1962 para derrocar la naciente Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. Así lo evidencia un documento secreto desclasificado en 1997 que establecía literalmente: “Se han previsto una serie de incidentes bien coordinados a tener lugar en y alrededor de Guantánamo para dar apariencia genuina de ser hechos por fuerzas cubanas hostiles (…) Pudiéramos hacer volar un barco estadounidense en la Bahía de Guantánamo y culpar a Cuba”.

Autoagresiones, como algunos estudiosos afirman pudo ser la destrucción de las Torres Gemelas, o pretextos fabricados como el supuesto “ataque sónico” contra funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, o la invasión a Irak por “arsenales de bombas químicas” que nunca existieron, son más de lo mismo, justificaciones del imperio para obtener sus beneficios.

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