Cuba nacionalizó en 1960 importantes empresas extranjeras

I Congreso Latinoamericano de Juventudes

 

La triunfante Revolución Cubana nacionalizó el 6 de agosto de 1960, en cumplimiento del Programa del Moncada, 26 empresas extranjeras, entre ellas la Compañía de Electricidad, como parte de su plan de desarrollo económico en tránsito hacia el Socialismo y para eliminar la dependencia foránea.
Al clausurar el I Congreso Latinoamericano de Juventudes, en el Estadio del Cerro, (hoy Estadio Latinoamericano), la noche del sábado 6 de agosto de 1960, el Comandante Fidel Castro anunció la nacionalización de 26 compañías estadounidenses que poseían tres refinerías de petróleo, los monopolios de la electricidad y del teléfono, así como 36 de los mejores centrales azucareros del país, cuya producción abarcaba el 36 por ciento del total nacional y un volumen similar a lo elaborado entonces por Hawái y Puerto Rico.
Estas nacionalizaciones tenían un marcado carácter antimperialista y muy amplio apoyo popular. Desde el triunfo revolucionario, el 1 de enero de 1959, Estados Unidos promulgaba constantes amenazas y realizaba acciones y sabotajes para obstaculizar las acciones del nuevo gobierno encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, apoyado masivamente por el pueblo de todos los sectores.
Ese año, antes de que arreciaran las agresiones de los Estados Unidos, Fidel afirmaba que el enfrentamiento con el capital extranjero: "(...) era el camino correcto de un pueblo que quisiera liberarse (…) que las industrias son de la nación; y la nación pague con su producción, pero que las empresas sean nacionales, que el país no tenga que estar dependiendo de la voluntad de amos extranjeros. Que el amo de sus riquezas sea el país, porque no se concibe un país libre, cuya economía es economía de extranjeros".
En plena correspondencia con las ideas de Fidel, el comandante Ernesto Che Guevara subrayó en una comparecencia televisiva: "Nuestro camino hacia la liberación nacional está dado por la victoria sobre los monopolios y sobre los monopolios norteamericanos concretamente".
La situación nacional se tornó rápidamente difícil con el boicot petrolero orquestado por Estados Unidos. Por órdenes del gobierno de los Estados Unidos, las compañías transnacionales petroleras limitaron la importación y refinación para provocar una escasez artificial en nuestro país. Cuba adquiría entonces su petróleo en Venezuela, pero las empresas yanquis se rehusaron a alquilar sus supertanqueros para transportarlo a Cuba.
Durante décadas, tres empresas foráneas (ESSO, Texaco y Shell), asumían la importación, refinación y el suministro de combustible en Cuba. Transportaban el Petróleo en sus barcos desde pozos de su propiedad y se lo vendían al Estado cubano a casi tres dólares el barril. Luego el Estado les pagaba por la refinación y la producción de derivados, los que eran vendidos luego en el país, en la red de gasolineras, también propiedad de esas trasnacionales.
En respuesta a ese boicot se suscribió el primer convenio comercial con la entonces Unión de Repúblicas socialistas Soviéticas (URSS) que se comprometió a vender petróleo a Cuba, a poco más de dos dólares el barril y transportarlo. Entonces las transnacionales estadounidenses se negaron a refinarlo, con lo cual violaban el artículo 44 de la Ley de Minerales y Combustibles (en vigor desde el 9 de mayo de 1938). Esa ley estipulaba la obligación de procesar el petróleo crudo que les fuera suministrado por el Estado cubano.
Desde Washington se alzaron voces prepotentes profiriendo amenazas de reducir o eliminar la cuota cubana en el mercado azucarero norteamericano si el gobierno revolucionario aplicaba esa legislación. A esa amenaza Fidel respondió: "Nos quitaran las cuotas, ¡pero con las cuotas que nos quiten tendrán que acabarse de arrancar la careta de explotadores y enemigos de la humanidad!, nos quitaran las cuotas, ¡pero con las cuotas tendrán que arrancarse para siempre la simpatía del pueblo de Cuba!, nos quitaran las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán quitarnos la vergüenza y la dignidad con que estamos dispuestos a morir en nuestra tierra¡"
El gobierno de Washington persistió en su actitud, y el 28 de junio de 1960 el gobierno revolucionario intervino la planta refinadora de Texaco en Santiago de Cuba. Tres días después, corrieron igual suerte en La Habana, las instalaciones de la ESSO y la angloholandesa Shell.
Entonces Estados Unidos promulgó la tristemente célebre Ley Puñal, con la cual redujeron casi totalmente la cuota azucarera cubana al mercado norteamericano, su principal destino exportador. El 5 de julio de 1960, Cuba replicó mediante la Ley Escudo, que facultaba al presidente y primer ministro de la República, a nacionalizar empresas y bienes foráneos por la vía de la expropiación forzosa, garantizando su correspondiente indemnización.
Cuatro días después, el líder soviético, Nikita Jruschov, anunció, en un mensaje solidario a Fidel, que su país estaba dispuesto a comprar todo el azúcar cubano que Estados Unidos no comprara.
La Revolución Cubana continuaba avanzando pese a Estados Unidos.

 

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