Ana María González una auditora que defiende el Control Interno y la selección de personas honestas

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Ana María González Pancorbo con más de 30 años como auditora y el aval de ser Premio Nacional de Economía 2007 está convencida de que, aplicando el Control Interno, la supervisión, y seleccionando personas honestas para ocupar puestos donde se manejan recursos, podemos enderezar el país.
Entrevistada con motivo del Día Internacional de la Mujer sobre sus 42 años de trabajo, desde el inicio en su natal provincia de Matanzas hasta llegar a ser Asesora de la Contralora General de la República, Ana María reconoce su formación como cuadro de base de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
De procedencia obrero campesina, hasta que se casó vivía en la periferia de Matanzas. Cuando triunfó la Revolución afirma que comenzó a ver horizontes, y el primer obstáculo a vencer fue participar en la Campaña de Alfabetización, porque sus padres pensaban que una jovencita no podía irse para el campo a alfabetizar, pero lo logró conjuntamente con su hermana.
Cuando se divorció comenzó a estudiar, logró graduarse de Licenciada en Contabilidad en 1987 y comenzó a trabajar en la empresa de Recuperación de Materias Primas de Matanzas donde llegó a ser jefa del departamento de Finanzas y luego vicedirectora económica.
Pasó varios cursos de post grado sobre análisis económico, gerencia y administración financiera. En abril de 1990 pasó al Comité Estatal de Finanzas y Precios como Analista Financiero B y dos años más tarde como Analista Financiero A, al frente de un equipo que realizaba auditorías en Varadero.
En aquella época, recuerda, no era tan reconocido como hoy el trabajo de los auditores, el enfrentamiento era muy fuerte pues muchas administraciones deficientes se negaban a aceptar una auditoría que no fuera, al menos, aceptable, pero se mantuvo firme, como le habían enseñado sus profesores.
En el 2004 la promueven a la sede central del Ministerio de Auditoría y Control como Auditora Gubernamental Superior y al año siguiente como Directora de Auditorías Especiales hasta el 2007 en que pasó a ser Directora de Supervisión Superior hasta febrero de 2010.
En esa fecha ingresa a la Contraloría General de la República (CGR), ya con una Maestría, como Asesora de la Contralora General, quien destacó ha sido en todos estos años su maestra además de su jefa, una mujer con un gran valor personal que le enseñó a defender los valores con firmeza. Ya en la CGR cursó un diplomado, varios cursos nacionales e internacionales en la especialidad, e impartió varios cursos universitarios en su condición de Profesora Titular Adjunta de la Universidad de Matanzas.
Ana María se considera una mujer totalmente emancipada, realizada como mujer porque tiene la vida y profesión que escogió y una familia muy linda, aunque no tuvo hijos. Pero, confiesa, en el plano profesional no me siento realizada, porque para ello tengo que dar hasta el último aliento de mi vida por enrumbar debidamente nuestro país y erradicar las indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de corrupción que tanto daño hacen a su desarrollo. Aportando mi granito de arena en esa dirección es que me sentiré realizada como profesional de la auditoría, recalca.
Interrogada sobre su especialidad, basada en su larga experiencia, afirma que el auditor interno es quien mejor conoce las interioridades de la empresa o entidad en que trabaja y, por tanto, es quien más puede ayudar a resolver los problemas, darles seguimiento y hacerla más eficiente.
Lo que tiene que tener bien claro siempre es que no puede perder su independencia, recalca. Su trabajo es de mucha responsabilidad y tiene muchos riesgos porque es juez y parte. Se beneficia como trabajador de la estimulación que se reparte a partir de los resultados económicos, pero es el auditor quien tiene que velar porque esos resultados sean reales y que la entidad no presente hechos delictivos.
He trabajado mucho con auditores internos, comenta Ana María, y sé que hay compañeros maravillosos que defienden con mucha ética su profesión, incluso frente a criterios distintos o presiones por parte de administraciones, pero todavía tenemos que insistir mucho en su independencia. El auditor, subraya, es un comunicador de los problemas y tiene que exponerlos para que se solucionen. Debe decir las cosas con claridad, pero sin miedo, porque los revolucionarios nos podemos equivocar, pero no podemos tener miedo de enfrentar lo mal hecho.
También tiene que saber escuchar a todo el mundo y no tratar de imponer criterios, aconseja, porque a veces el auditado cuando defiende su posición aporta elementos que reafirman el criterio que trata de refutar.
Ahora en la CGR está al frente del Comité de Control de Calidad y dice que hay que tener mucho cuidado cuando se va a acusar en los tribunales a una persona, tener evidencias comprobadas y aunque el auditor esté convencido de que éste cometió un delito, darle la oportunidad de defenderse y escucharlo.
Advierte Ana María que, aunque siempre existieron, en los últimos años las cadenas delictivas se han incrementado. Un delito puede comenzar en una provincia y vincularse con otra, o relacionarse con otras entidades o personas. Hemos pasado por períodos de muchas necesidades y algunas personas comenzaron a convertirse en delincuentes, señala, y nos duele mucho cuando tenemos que poner en un acta de responsabilidad a compañeros con una trayectoria revolucionaria honesta, pero que fueron perdiendo valores.
Muchas veces ocurre, afirma, que un delincuente va corrompiendo trabajadores hasta ese momento honrados, haciéndoles regalos, dándoles dinero o ventajas a un grupo de personas, a cuenta personal o de la entidad sin ningún respaldo, para incluirlas luego como cómplices en sus hechos delictivos.
Son muchas y variadas las situaciones que se dan, agrega, sobretodo en la gastronomía donde, en no pocas ocasiones, el control interno es formal. Hemos visto casos, refiere Ana María, en que la mercancía entra a un almacén, y en lugar de salir a un centro de elaboración para hacer productos de consumo popular se desvían ilegalmente y todo el dinero que correspondería a la venta al pueblo de esos productos se lo entregan a la unidad que debía comercializarlos para que lo ingresen como si se hubieran vendido al público. Y aparentemente no pasaba nada, salvo que una diferencia sustancial de ese desvío de recursos fue a parar a manos de una cadena de delincuentes.
El remedio para cortar esos hechos es simplemente el control, la supervisión y la honestidad de las personas, en no aceptar esos hechos y denunciarlos, enfatiza Ana María y llama a seguir fortaleciendo los valores, la ética, pero conjuntamente con el reforzamiento de las medidas de control y supervisión.
Reconoce que, la mayoría del personal de contabilidad, finanzas y auditoría son mujeres, aunque es una profesión muy dura, conlleva muchos sacrificios y está en la mirilla de todos. El enfrentamiento es muy fuerte desde que se llega a una entidad a auditarla, comenta, y aunque llegue con amabilidad muchos verán al auditor como la persona que viene a detectar sus problemas.
Sin embargo, subraya lo apasionante de esa especialidad y recalca que cuando se meten en la actividad de auditoría se enamoran de ella, hasta el punto en que un auditor lo es en todos los momentos de su vida y donde quiera que se pare. A los jóvenes les recomienda que estudien contabilidad, que establezcan contacto con los auditores para que vean lo linda que es esta carrera donde uno puede palpar los resultados de su trabajo.

 

 

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