En la educación cubana el Comandante en Jefe ha sido y es un eslabón fundamental

Fidel y la educación.
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El mundo hace 4 años perdió físicamente a un gran hombre, alguien que abogo toda su vida por el bienestar de la humanidad, ejemplo de consagración y trabajo, querido y amado por millones de personas. Sobresaliente líder que los agradecidos recuerdan y no dejaran que su obra y pensamiento se borren de las páginas más bellas de la historia de la humanidad.

Al cumplirse 94 años del natalicio del Comandante en Jefe, el colectivo de la CGR recuerda su legado y reafirma su compromiso de dar continuidad a su pensamiento y su obra. Una de las conquistas que prometió y alcanzó: educación en el país, sumando significativos y cuantiosos aportes.

El proceso educativo cubano constituye uno de los pilares fundamentales de la Revolución, en el que la figura del Comandante en Jefe ha sido y es un eslabón fundamental.

En 1959 sólo el 56% de las niñas y niños entre 6 y 14 años asistía a la escuela, y los adolescentes de 13 a 19 años apenas el 28% estaban incorporados al sistema educativo. El analfabetismo alcanzaba a un oprobioso 53% de la población concentrada en zonas rurales. Esta era la realidad educativa al momento del triunfo del Ejército Rebelde.

En 1960, en la ONU, Fidel prometió librar la batalla contra el analfabetismo convocando al pueblo alfabetizado a protagonizar una campaña inédita que logró en apenas un año cumplir esa promesa que podía parecer desmesurada, pero no lo fue. La hicieron suya 400.000 alfabetizadores voluntarios, la mayoría jóvenes, algunos de los cuales fueron asesinados por bandas contrarrevolucionarias.

El primero de enero de 1961 cuando estuvieron las condiciones creadas, se inició oficialmente la Campaña de Alfabetización. Once meses más tarde, el día 22, Cuba se proclamó Territorio Libre de Analfabetismo, con un alcance de 707 mil cubanos y 25 mil haitianos residentes en las zonas agrícolas de Oriente y Camagüey.

Estos antecedentes marcaron definitivamente el despegue de lo que es hoy el sistema educacional cubano, constituido para el pleno desarrollo del ser humano e instituido por el Estado como un derecho y deber de todos.

Los reconocidos logros de la educación cubana obedecen, a los niveles de igualdad social extendidos en la Isla; el soporte presupuestario que llega al 24 %, destacando especialmente su eficacia simbólica para orientar la educación que se proponía profundizar el socialismo.

Si el país está empeñado en la construcción y despliegue de un orden radicalmente justo, la primera exigencia sobre el sistema educativo es formar a las jóvenes generaciones en la impronta que reclama esta Revolución. La formación de personas solidarias, íntegras, desenajenadas, comprometidas con un proyecto colectivo.

La Revolución Cubana se construyó sobre la base de un diálogo deliberativo, y el mismo proceso se vio “autosometido” a revisión permanente, permitiendo ver a la sociedad cubana como una sociedad que aprende y enseña, que desaprende y vuelve a aprender, que crea y ensaya, se equivoca, avanza y retrocede. Tal laboratorio cultural, político y fundamentalmente pedagógico viene revelando una eficacia contundente pues la Revolución, superando los más difíciles desafíos, no ha sido derrotada jamás en sus principios y sus convicciones. En las condiciones materiales más duras, el pueblo cubano supo sostener su opción soberana, y esto sólo puede hacerse con una profunda labor educativa y autoeducativa, tal vez el elemento más relevante de lo que pudiéramos llamar la “educación cubana” y en la que Fidel, una vez más, protagonizo.

Otro aporte sustantivo del líder de la Revolución ha sido la difusión del legado martiano. Lo hizo en muchos sentidos, por supuesto, en primer término, en la insurgente y digna rebeldía antiimperialista. Pero también en muchos de los postulados pedagógicos del Apóstol. Recordemos, por caso, que José Martí proponía la idea de “maestros ambulantes” y consideraba que la sociedad debía educarse a sí mismo, encargando a cada adulto la tarea de enseñar.

Las nuevas relaciones sociales que generó la Revolución han sido tal vez el elemento más potente desde la perspectiva de la educación y la creación de una nueva sociedad. En tal sentido, la solidaridad, la igualdad, el internacionalismo, la dignidad configuran valores sustantivos del orden en permanente reconstrucción.

Asumiendo obstáculos, los valores humanistas impulsados por la Revolución son una plataforma indispensable para comprender las razones por las cuales centenares de miles de maestros y maestras, médicos, médicas y el ejército se dispusieron y se disponen a prestar sus servicios en lugares alejados e inhóspitos que reclaman una solidaridad efectiva.

El listado resulta interminable y este dispositivo constituye un hecho educativo de profesionales cubanos y cubanas, a favor de los más débiles, cuyos derechos son vulnerados por un orden mundial fundado en la injusticia. Por su parte, los Congresos de Pedagogía son modos valiosos de encuentro pedagógico emancipatorio. Estas y otras formas han expresado opciones latinoamericanistas e internacionalistas reconocidas en las más diversas latitudes.

Fidel concibe a la educación, como una responsabilidad indelegable de la sociedad, del Estado y de él mismo. No cualquier educación, sino la mejor educación para todos y todas.

Fidel fue un avezado piloto de tormentas, un estadista, un político audaz, profundamente democrático, un líder que habla y explica, que escucha y aprende, que imparte y conduce, pero sobre todo fundamenta, convence y se convence, asimila y acomoda la realidad y las formas de su transformación.

Sus sueños de justicia tuvieron, a la vez, un correlato innegablemente pedagógico. La Revolución Cubana fue y es, finalmente, aquello que pudo ser y puede ser en un mundo brutal y amenazante. Fidel y la educación han tenido un amoroso amarre emancipatorio que se expresó en trabajar incansablemente por una sociedad más justa y mejor, con los pies en la tierra y la mirada en las estrellas.

La extensión de la experiencia nacional en materia de Educación Popular por Latinoamérica, se añade a los logros obtenidos en este campo solamente posible, gracias a la visión estratégica fidelista y a su concepción de que: «Un mundo mejor es posible».

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