La Asociación de Jóvenes Rebeldes unió al movimiento juvenil cubano

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Había transcurrido poco más de un año desde el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 y jóvenes de todo el país, que por su corta edad no habían participado de las batallas del Ejército Rebelde, reclamaban un lugar para incorporarse en la vorágine constructiva de la nueva sociedad.
Cada vez se hacía más imperiosa la necesidad de unir a todo el movimiento juvenil revolucionario cubano para defender la Revolución y hacerla avanzar. Con ese reto comenzó, el 21 de octubre de 1960 en el Teatro Payret, de La Habana, la Primera Plenaria Nacional de la Asociación de Jóvenes Rebeldes.
A ese evento asistieron 244 delegados efectivos, 44 invitados nacionales y 14 foráneos. Entre los efectivos predominaban los estudiantes y los obreros y el grupo comprendido entre 15 y 19 años era mayoritario.
Después de la inauguración y la colocación de una ofrenda floral al Apóstol en el Parque Central, se iniciaron en la tarde del 21 de octubre las sesiones de trabajo. Importantes acuerdos se adoptaron en la Plenaria, se cambiaba el carácter y contenido de trabajo de la AJR, el límite de edad se extendía hasta 25 años y se afilió a la Federación Mundial de Juventudes Democráticas.
A la propuesta de unificación de la Juventud Socialista respondieron afirmativamente todas las organizaciones juveniles revolucionarias existentes en el país que se integraron en la AJR. Aunque la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) aprobó el acuerdo de unidad e incluso suscribió el acta de integración, se decidió que mantuviera su personalidad política, en consideración a su histórica existencia, y también se aprobó la creación de una organización única para los niños cubanos.
Todavía faltarían casi dos años de duro trabajo organizativo y muchas movilizaciones hasta el 4 de abril de 1962, cuando del Primer Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes surgió la Unión de Jóvenes Comunistas.
Sus primeros orígenes se remontan al 28 de enero de 1960, cuando en su discurso por el nacimiento de José Martí el comandante Ernesto Che Guevara informó públicamente la existencia de los jóvenes rebeldes, que pronto empezarían a marchar en pelotones por diversas ciudades del país. Para hacer realidad la idea, asignó la encomienda al entonces comandante Joel Iglesias, el más joven oficial con ese grado en el Ejército Rebelde, al capitán Fernando Ravelo y al soldado José R. Calderón.
Existe un primer documento, fechado el 30 de agosto de 1959, donde aparecen las primeras ideas para crear una organización integrada por jóvenes de 13 a 18 años y que podría llamarse Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), el cual fue elaborado en las oficinas del Departamento de Instrucción del Ejército Rebelde, que entonces dirigía el comandante Che Guevara.
La idea inicial del Che consistía en integrar a la Revolución a los muchachos de uno y otro sexo que no trabajaban ni estudiaban, aunque ya en el Reglamento Provisional, con fecha 9 de diciembre de 1959, se aclaraba que podrían pertenecer a la AJR los jóvenes de cualquier sexo, origen social, religión e ideología que apoyaran el programa de la Revolución Cubana.
De la mano de la incipiente AJR se crearon las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario (BJTR) y contingentes de jóvenes se establecieron en campamentos en la Sierra Maestra, donde vivían en condiciones de campaña, recibían preparación cultural, política y militar, realizaban tareas de reforestación y trabajaban en la construcción de casas y escuelas. La prueba de fuego era subir cinco veces el Pico Turquino. Luego, según la actitud demostrada y el nivel escolar alcanzado, continuarían sus estudios en diferentes carreras o en escuelas militares. Los que lo lograron a partir de entonces fueron conocidos con orgullo como "cinco picos".
Para las muchachas se creó el Centro Educacional de Industria y Artesanía Clodomira, donde adolescentes de 13 a 17 años cursaron allí las enseñanzas primaria y secundaria, y aprendieron algún oficio útil para salir adelante.
La AJR creció rápidamente en el estudiantado secundario donde se hicieron Comités de Base y, en los comités municipales y provinciales de entonces, el cargo de Responsable Estudiantil tenía importantes responsabilidades en todas las manifestaciones donde los estudiantes comenzaron a ser mayoritarios.
Para los dirigentes estudiantiles de la AJR el desafío era doble pues la organización les exigía no abandonar sus estudios y la única forma de hacerlo, trabajando más de 12 horas diarias sin remuneración alguna, era acogerse a la modalidad “por la libre”, para examinar las materias sin asistir a clases.
Comenzaba en los centros estudiantiles un enfrentamiento, cada vez más violento, con jóvenes hijos de la burguesía que manifestaban su oposición a todas las actividades que convocaba la naciente Revolución. En Camagüey, donde en algunos centros, como el Instituto de Segunda Enseñanza donde esta oposición era mayoritaria en los años superiores, el enfrentamiento cobró ribetes violentos cuando quisieron tomar por la fuerza la sede de la Asociación de Estudiantes y fueron rechazados a puño limpio por los jóvenes rebeldes de ese centro.
Los jóvenes rebeldes asumieron con gran alegría en su Primer Congreso el surgimiento de la UJC convencidos de que el papel de las nuevas generaciones en la consolidación y el desarrollo de la Revolución era decisivo

 

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