En ese puesto, emprendió aquella épica batalla verbal en la ONU, durante los días de Girón, contra el delegado yanqui, Adlai Stevenson, a quien literalmente vapuleó. Roa refutó todas las mentiras estadounidenses y demostró que la invasión mercenaria había sido organizada y entrenada por la CIA.
Hizo justicia en esa batalla y las demás que librara en el escenario internacional, al apelativo que los pueblos de nuestra América y el mundo le daban: Canciller de la Dignidad, sobrenombre que se ganó en una reunión de la OEA en San José, Costa Rica, durante 1960. Convencido que en las denuncias de Cuba contra la escalada de agresión yanqui nunca serían atendidas, pidió la palabra en ese cónclave y anunció la retirada de su delegación: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América”.





