Luego de una larga espera por la contabilización de votos en un paÃs que es 10 veces el tamaño de Cuba con una cantidad similar de habitantes, el lÃder indÃgena andino superó con los 10 puntos establecidos en la ley electoral a su más cercano contrincante para un 46,86 contra 36,73, con más del 95 por ciento de las mesas escrutadas.
Las elecciones del domingo mostraron transparencia y paz en su transcurso hasta que, pasadas las ocho de la noche, en el único parte previo a los resultados finales, se constató que, cuando se habÃan contabilizado el 83 por ciento de las boletas, Evo Morales aventajaba a su más cercano rival, Carlos Mesa, por unos siete puntos.
Esa ventaja fue aumentando al incorporar el 17 por ciento restante, en su mayor parte de regiones campesinas aisladas que constituyen el voto duro de Morales, para confirmar la derrota de la oposición que ahora se ha dedicado a orquestar acciones violentas intentando desestabilizar el paÃs.
Pero no solo eso, sino que Mesa afirmó a medios de prensa que, de ganar Evo, no serÃa reconocido por los opositores y se llamarÃa a no aceptar el veredicto popular.
Para que no exista la más mÃnima duda de quiénes estaban orientando esa actuación, rápidamente los gobiernos de Brasil, Argentina, Estados Unidos y la OEA, coincidieron —¡qué casualidad! — con lo que antes dijo el opositor Mesa, y empezaron a cuestionar al Tribunal Electoral y al sistema de conteo de votos.
Pero ya el pueblo boliviano decidió y el Proceso de Cambio continuará en los próximos cinco años para cumplir la Agenda del Bicentenario, pese a los intentos opositores apoyados por la embajada de Estados Unidos en La Paz por crear un clima de violencia para impedirle avanzar en sus transformaciones económicas y sociales.





