De esta mujer de grandes valores se ha dicho, que “conoció los horrores de la esclavitud en contacto con el sufrimiento de hombres y mujeres esclavos, que permanecían encerrados como animales, en el llamado presidio de cimarrones, que estaba muy cerca de su casa en Santiago de Cuba”.
El ejemplo de Mariana Grajales nos llega, como la forjadora de esa pléyade de guerreros, que “con los ojos de madre amorosa”, como la calificó José Martí, educó a sus hijos en el amor a Cuba, por la que ellos dieron hasta la última gota de su sangre generosa.
Ella representa la rebeldía y el patriotismo de la mujer cubana. Su extraordinaria vida constituye ejemplo y estímulo para las combatientes y madres cubanas que a través del tiempo han dedicado sus fuerzas y tesón a la causa revolucionaria del pueblo cubano.
