Tras heroicos y decisivos combates, con victorias y derrotas, la llamada Guerra de los 10 años (1868-1878) dio lugar al nacimiento del Ejército Libertador, verdadero crisol de pueblo e idiosincrasia nacionales, de jefes patriotas de brillante ejecución militar y conducta moral intachable y una membresía que no hacía distingos de clases, color de la piel, ni origen de nacimiento por cuna o país.
La Patria siempre estaba por encima de él y de esto José Martí pudo percatarse cuando dio su visión sobre su ejecutoria en Guáimaro, el día en que naciera la República en Armas y la primera Constitución (10 y 11 de abril de 1869).
“[…] hubo en Guáimaro Junta para unir las dos divisiones del Centro y Oriente. Aquella había tomado la forma republicana; esta la militar. Céspedes se plegó a la forma del Centro. No lo creía conveniente; pero creía inconvenientes las disensiones. Sacrificaba su amor propio —lo que nadie sacrifica— […] los dos tenían razón; pero en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente”.





