Aquel 8 de enero, los habaneros inmovilizados frente a los televisores, esperaban el momento de volcarse a la calle para saludar a los rebeldes. De balcones y ventanas colgaban banderas cubanas y la enseña roja y negra del Movimiento 26 de Julio. Las mujeres lucían en su vestuario los mismos colores, perseguidos hasta poco antes. En automóvil va Fidel desde el Cotorro hasta la Virgen del Camino. Aborda allí un yipi para internarse en la ciudad. Lo acompaña el comandante Camilo Cienfuegos y en rastras, autos, camiones y vehículos militares de todo tipo lo sigue su tropa. Son gente joven en su mayoría. Muchachos del campo que nunca antes estuvieron en La Habana y que contemplan rascacielos y avenidas con ojos de asombro, como cohibidos, con una sonrisa tímida esbozada tras las barbas legendarias. Fidel está en la ciudad y repican las campanas de las iglesias, suenan las bocinas de los vehículos, los barcos surtos en puerto dejan escuchar sus sirenas.
Hoy a 60 años, alli estas también en cada niño, en cada mujer u hombre de este pueblo que sigue tu ejemplo, que se enorgullece de la Patria libre y soberana que juntos construyeron y que defenderemos cuando juramos cumplir con el concepto de Revolución ante tu partida física.
Vibró nuevamente La Habana, volvieron los rebeldes hechos continuidad!